Internacional 10/06/2021

Pedro Castillo, el profesor del lápiz que presidirá Perú

Sindicalista y profesor, el nuevo líder quiere recuperar el control de los recursos naturales

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Pedro Castillo, candidato de la izquierda y virtual presidente del Perú.
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Santiago de ChileTodavía no ha acabado el recuento oficial de las elecciones del Perú, pero el candidato de la izquierda Pedro Castillo ya ha celebrado la victoria. Lo ha hecho este martes por la noche, desde Lima, en la sede de su partido, con confeti y fuegos artificiales incluidos. “El pueblo ha hablado. Según nuestros interventores, ya tenemos recuento oficial, y el pueblo se ha impuesto en esta gesta”. 

Hace apenas dos meses, nadie se imaginaba que el profesor y sindicalista de 51 años sería el próximo presidente de Perú. Castillo es un hombre de campo, de origen humilde, nacido en Puña, un poblado de unos 400 habitantes ubicado en una zona empobrecida y aislada de la región de Cajamarca, en la cordillera andina del norte del país.

En el Perú rural de finales de los 60, aprender a escribir y a leer no era una posibilidad para la mayoría de niños. Castillo andaba dos horas a pie por caminos de montaña para llegar a la escuela cada mañana, sin abandonar los animales y la tierra cuando volvía a casa. Después trabajó vendiendo helados en la ciudad y sembrando arroz en la Amazonia para pagarse los estudios. Quizás por eso, durante la campaña, ha convertido el lápiz en símbolo de su partido, Perú Libre, que se define como marxista de izquierda. Lo lleva estampado en las camisas blancas que suele vestir, junto con el sombrero de paja. Ha hecho de la educación uno de los grandes temas de su candidatura y de su vida. Estudió magisterio y se convirtió en profesor de primaria de escuelas rural en 1995, con un máster en psicología educativa incluido. 

“¡Nunca más un pobre en un país rico!”

El profesor probó la política institucional por primera vez en 2002, cuando intentó ser alcalde de un pequeño pueblo por Perú Posible, el partido del expresidente Alejandro Toledo. Pero no fue hasta hace cuatro años cuando por primera vez adquirió notoriedad al liderar una larga huelga de maestros para reclamar mejoras salariales. Después de este episodio, su nombre quedó en el olvido hasta que en 2020 anunció su candidatura presidencial, una vez confirmada la inhabilitación del líder de su partido por corrupción. Desde entonces, no ha dejado de repetir el lema de campaña: “¡Nunca más un pobre en un país rico!”

Con la sorpresa de la primera vuelta, su popularidad se disparó y se ha convertido incluso en tema de canciones. “Los cierres de campaña de Castillo en las zonas del sur han sido apoteósicos, no recuerdo movilizaciones de este tipo. Las imágenes son conmovedoras en un país en el que uno de los principales problemas del sistema político es la falta de representación”, comenta el politólogo e investigador del Instituto de Estudios Peruanos Paolo Sosa. Muchos conectaron con su discurso, dice Sosa, después de la primera vuelta: “La mitad del país no sabía quién era Castillo, pero hace unas semanas recibió a la prensa en su casa, en su granja, rodeado de animales, y muchos se identificaron con él”. 

Una nueva Constitución

La promesa de una nueva Constitución ha sido la gran bandera de Castillo. Una propuesta que se ha comprometido a poner en marcha durante los primeros 100 días de mandato. “La Constitución actual solo permite reformarse parcialmente o total a través del Congreso, no por vía de una asamblea constituyente, como él propone”, explica Sosa. Según él, cumplir la promesa a corto plazo, “por ahora, no es posible”. “Las dos fuerzas de la izquierda peruana no suman mayoría en el Congreso, por lo tanto Castillo tendrá que negociar con partidos de corte más conservador para favorecer la gobernabilidad”, añade el analista y docente de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima Natali Durand.

El profesor pretende recuperar el control de los recursos naturales y renegociar las condiciones de empresas de sectores como el petróleo o el gas. También propone una reforma tributaria y un cambio del actual modelo privado de pensiones. En políticas sociales, los derechos de las mujeres y de los colectivos LGTBIQ+ son la asignatura pendiente que le critica parte de su sector: “Es conservador, pero no quiere decir que no pueda haber un diálogo. Ha mostrado cierta apertura y ya ha habido un acercamiento por parte de algunos colectivos feministas”, dice Durand. A pesar de que la suya es una apuesta radical por el cambio de modelo, está por ver cómo de efectiva podrá ser: “No habrá un cambio drástico, será gradual con políticas puntuales de inclusión”, dice Sosa. Sea como sea, Castillo está a punto de cambiar la escuela por el palacio de gobierno. 

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