15/05/2022

¿Tiene Putin en la cabeza una inestabilidad “estable”?

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El presidente ruso Vladimir Putin observa un desfile militar el Día de la Victoria

1. ¿Está reflexionando Vladímir Putin que el eje de la nueva guerra fría sea una inestabilidad permanente y sostenible? ¿Una inestabilidad digamos “estable”? Un conflicto largo. Algo parecido puede intuirse y deducirse en el discurso del presidente ruso el 9 de mayo en la Plaza Roja. Retórica patriótica invocando a la Victoria de 1945 que no llega para adornar un triunfo en Ucrania porque no ha habido ningún triunfo. Un discurso injertado de victimismo y de insinuaciones amenazantes, sobre todo la que culpabiliza a la OTAN. Y ese sería el fondo de la cuestión: ¿De verdad Putin tiene cerca apoderarse de la franja que va del Donbás a más allá de Odesa, dejando a Ucrania sin mar? ¿O bien podría poner en marcha “nuevas operaciones” para contrarrestar el clima de fracaso que rodea a la del 24 de febrero?

2. No es atrevido sospechar que los silencios y ambigüedades que emite el Kremlin pueden ser el preludio de nuevos ataques. Quizás contra Moldavia, para asegurarse Transnistria, y así completar los pedazos arrebatados en Ucrania, y desde allí enseñar las uñas a estados atlantistas como Rumanía y Eslovaquia.

3. Otra cuestión de fondo, planteada en los análisis de varios think tank, sería si la Rusia de Putin da por hecho que para garantizar la seguridad imperial le es imprescindible fomentar inseguridad, vulnerabilidad e intimidación más allá de sus fronteras. No solo hacia las exsoviéticas, sino también sobre las líneas geopolíticas de Europa central y oriental surgidas de la Segunda Guerra Mundial. No se trataría solo de amenazar a Georgia o Kazajistán y atacar a Moldavia -como he dicho-, sino también de “vetar” la entrada a la OTAN de Suecia y Finlandia, expectativa que se hará realidad en pocos días. Los posicionamientos imperialistas rusos son tan ilícitos como lo fueron los intentos del imperialismo de EE.UU. de controlar Latinoamérica y el Sudeste Asiático.

4. ¿Es viable esta guerra fría que estaría meditando Putin? ¿Puede aguantarla económicamente cuando se detectan síntomas graves de suspensión de pagos -anunciados por la agencia de rating S&P-, con los silencios de China, todo un presagio de darle a Rusia un “abrazo de oso” disfrazada de alianza económica? Pero, cuidado, que también existen variables que podrían beneficiar a los cálculos de Moscú, como apoderarse del medio millón de toneladas de óxido de litio dormidas en el subsuelo del Donbás, un material imprescindible para la fabricación de vehículos híbridos.

5. ¿Y qué y a quién debe temer la Unión Europea si se consolidara la estrategia putinista de conflicto largo y de inestabilidad sostenida y “estable”? Pues tendría que estar muy atenta a los enemigos internos. Atenta a la Hungría de Viktor Orbán y al nacional-populismo admirador de Putin, de Marine Le Pen y de Salvini, pasando por Vox y Alternativa por Alemania. Una procesión ultra recubierta con una carcasa de caballo de Troya.

6. Todo esto mientras dentro de una Rusia hermética y desinformada como nunca, la “ministra” de propaganda Margarita Simonian –de quien Goebbels mismo podría sentir envidia– seguirá haciendo circular todo tipo de fakes y posverdades. Prescindiendo de unos oligarcas que intentan encontrar salida al descalabro económico con maniobras tan poco efectivas como las conspiraciones que parecen incapaces de montar.

7. Un trozo del siglo XX nos ha caído encima en pleno siglo XXI y esto no estaba en el guion de la UE que preveía dificultades, pero no bombas, destrucción, muertes, refugiados y tanto dolor en el este de Europa cuando parecía desvanecida la pesadilla de la guerra civil yugoslava. Parece que una vez más en su historia Rusia ha apostado por la salvación y el imperio. Una pulsión mística llena de igualitarismo y de colectivismo, elementos que durante las décadas de la URSS conectaron con los dogmas marxistas para construir la “vida prometida” que nunca llegó. Escribe Hannah Arendt que el pensamiento de Marx es como un libro abierto puesto en pie sobre una mesa: una cubierta mira hacia la ilustración, de donde proviene, mientras la otra se pierde en el totalitarismo. En el espacio ruso, hecho de absolutismo en el poder y de igualitarismo en la sociedad, no ha sido nada difícil que tanto Stalin como Putin hayan emergido.