Mientras el resto de magazines matinales comentaban las agrias desavenencias dentro de Vox, en Espejo público se hacían eco de un hecho aparentemente anecdótico. Susanna Griso detuvo su conversación con Albert Rivera, que es analista político del programa, para preguntarle si ya había visto la película de Santiago Segura. El exlíder de Ciudadanos respondió que lo tenía pendiente. La presentadora explicaba que quien sí había ido era Santiago Abascal, a quien habían pescado saliendo del cine. "Ok Diario sorprende a Abascal viendo Torrente, presidente", decía el titular en la pantalla. Pero aquella exclusiva del medio digital de Eduardo Inda parecía cualquier cosa menos una sorpresa. Era claramente una puesta en escena: olía a pacto entre Vox y Inda. Una reportera con el micrófono de Ok Diario en la entrada de la sala informaba: "En breves momentos, Santiago Abascal saldrá del cine tras ver Torrente, presidente y no nos hemos querido perder su reacción". Inmediatamente, aparecía Abascal acompañado de un grupo numeroso de hombres cortados por el mismo patrón: la barba, el corte de pelo, la ropa y la rigidez corporal que les caracteriza. Los adláteres rodeaban al líder de Vox controlando con suspicacia la zona, y Abascal se dirigió rápidamente al micrófono de la reportera. La supuesta gracia de aquella situación es que el film de Santiago Segura hace una parodia de Vox con Torrente al frente.
La reportera le preguntó qué le había parecido la película y, por supuesto, Abascal aseguró, con una sonrisa, que se lo había pasado muy bien y que había reído. "La realidad supera la ficción...", le insinuó ella. Y aquí, Abascal marcó distancia: "En este caso, la ficción supera a la realidad, y en esto está la gracia". Consideró que en un momento político tan grave como el actual hacía falta sentido del humor y reírnos más de nosotros mismos. "¿La recomendaría a los simpatizantes de Vox?", preguntó la reportera. Y, haciendo equilibrios, el político contestó afirmativamente, a pesar de plantear la posibilidad de que el film quizás no gustaría a todo el mundo. Finalmente, Abascal aprovechó para hacer un poco de campaña. Remarcó que él apoyaba la película porque la libertad de los artistas y creadores era muy importante y que estaba en contra de la cultura de la cancelación que se estaba imponiendo socialmente.
El anuncio del día de Vox y Abascal ya estaba listo. Santiago Segura se justifica siempre asegurando que la película es una sátira de la ultraderecha aderezada con todo tipo de cameos de personajes de dudosa reputación, pero la producción promueve el carácter entrañable de la España más rancia e ignorante. El fascismo simpático que merece indulgencia y el machismo como hilo conductor humorístico. El súmmum es convertir Vox y Abascal en defensores e iconos de la libertad artística representada por Torrente. Con este caldo de cultivo cultural, quizás sí que llegará a presidente.