¿Quién se anima a pegar a un periodista por 160 euros?

El presentador de televisión Quequé en el photocall del 50 aniversario del programa 'Hora 25' de la Cadena SER en el Teatro Coliseum de Madrid.
02/02/2026
Jefe de Media
2 min

El desacomplejo de la extrema derecha también comporta una desinhibición a la hora de ejercer la violencia física contra las voces incómodas. Eldiario.es publicaba un reportaje sobre las amenazas a periodistas y comunicadores a raíz de la dimisión de Héctor de Miguel por culpa de las amenazas recibidas. El cambio cualitativo en este deterioro del clima es que ya no hablamos del clásico perfil anónimo y cobarde que suelta mensajes intranquilizadores: los clásicos "vigila", "cuando menos te lo esperes..." o que cuelga tu dirección personal en internet. Personas perfectamente identificables sugieren abiertamente que ir a repartir jarabe de estopa entre aquellos que consideran que molestan. El medio cita el caso de ese sujeto que se llama Alberto Gonzalo de Juan aunque se hace llamar Pugilato y que hace un tiempo protagonizó una agresión a un cómic. En uno de sus vídeos, un encapuchado militante de la organización ultra Núcleo Nacional le dice: "¿Cuánto cuesta un aplauso?" Y él responde: "No es caro, ¿eh? Entre 160 y 500 euros, depende. Pero, vamos, que no es una barbaridad". Acto seguido, el otro dice que hay muchos jóvenes sin trabajo que "estarían encantados de encontrar un trabajo de ciertas características". Otros mensajes similares de grupúsculos ultras hablan de "pasar a saludar" y otros eufemismos como "aplaudir" para referirse a dar una paliza a alguien, pero sin decirlo explícitamente, cabe suponer que para evitar las consecuencias legales de una amenaza abierta.

Vergonzoso papel de las redes y plataformas que permiten realizar estos llamamientos a la violencia. Y galdoso papel de la policía, si no actúa de inmediato contra quien atiza la violencia desde esos altavoces esperando que algún iluminado de neurona exija se sienta interpelado y pase a la acción. Preguntémonos el porqué, de esta desidia, puestos a hacer. Y un abrazo, Héctor.

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