Despachante de ultratumba a través de la prensa

2 min

Las esquelas son un género aparentemente inmortal. Será que las defunciones nunca pasan de moda. Muchas siguen fórmulas estereotipadas, así que las que se salen del guión llaman la atención. Es el caso de una que se publicaba este domingo, en recordatorio del deceso de Edelmira Banús i Pont. Después de un texto siguiendo las convenciones de rigor que marca el género, hay una frase final llamativa: “Madre y padre, sólo deciros que en diciembre, con los chicos, comenzamos las obras de rehabilitación integral de su ático en Cambrils”. Me parece un apunte de gran fuerza, por el contraste entre la solemnidad del momento y el carácter mundano de la comunicación. Me trae ecos de aquella fantástica nota de 1914 en los periódicos de Kafka: “Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde, clase de natación”. El apunte final de esta necrológica me parece también deliciosamente nostrada. Los catalanes hacen cosas, que decía aquél.

'Novios en el cementerio. Barcelona, ​​1962'.

El caso es que, a través del escritor y crítico Joan Josep Isern, insigne coleccionista de singulares esquelas, veo que en anteriores aniversarios el hijo de la finada había consignado actuaciones de similar naturaleza. “Madre, los inquilinos de los pisos primero y segundo de la casa bonita de la calle Mallorca de Barcelona finalmente ya se han ido. El del primero en enero del año pasado y el del segundo este pasado octubre”, le contaba hace justo cuatro años, tras otras consideraciones elevadas y espirituales más canónicas. Como la muerte tiene un devastador poder igualador, me manifiesto devoto de las esquelas atípicas. En un mundo que tiende peligrosamente a la homogeneización de los mensajes, romper el corsé del formato habitual me parece un bonito homenaje y una sentida manera de decir "Aquí vivió un individuo. Alguien único y particular".

stats