Ha muerto aquel que no habías oído nombrar nunca

El nadador de la tumba de Paestum
28/06/2026
Jefe de Media
2 min

Entre los diferentes subgéneros del clickbaitismo, uno de los más burdos es el que saca rédito de la muerte de (relativamente) desconocidos. Pensaba en ello a raíz de este titular de El Nacional: “Conmoción con la trágica muerte de una querida presentadora y actriz, arrollada por un tren. Tenía solo 54 años”. Se trata de Ernestina Pais, que tuvo su máximo apogeo hace más de 20 años, en la versión argentina de Caiga quien caiga. Los medios explican que ahora participaba en la enésima edición de MasterChef. Es decir, era alguien con una relevancia nula entre el lector catalán o español. Pero la formulación del titular está construida para generar la incógnita de si se trata de alguien que el lector conoce. Este mismo titular poniendo su nombre —lo que en otros tiempos habría sido un requisito imprescindible— generaría dos clics y medio. Cada semana hay unas cuantas piezas similares, y la práctica se extiende no solo a los expertos de la pesca de arrastre sino también a cabeceras de prestigio. Como cuando se hace una noticia del traspaso de un actor que apareció en dos episodios de Friends; esto es traficar con el morbo de la muerte de alguien que sabes que a tu público no le importa —es crudo plantearlo así, pero estamos entre adultos funcionales— con el cebo de invocar una marca conocida. Pero cuando ni siquiera tienes eso, una “conmoción” y una “querida” te lo arreglan, aunque después el lector dirá un “ah, de acuerdo” cuando lea un nombre o vea una cara que ni le suena remotamente. 

La influencia de las redes empuja a los medios a usar estas prácticas que contribuyen al ruido del mundo. Sus beneficios son como la energía del azúcar: inmediata pero poco duradera. Y engancha. Si abusas de ellas, puede generar un rechazo en el lector que se canse de relacionar clic con decepción. Si las eliminas del todo, se supone que pierdes oportunidad de negocio y, también aparentemente, capacidad de captar nueva audiencia. Hamlet ya lo decía: To click, or not to click. 

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