La nacionalidad de los asesinos
Era un precepto básico, de los que no se discutían de tan evidente como era: la nacionalidad de un delincuente solo debe indicarse en un artículo si aporta información relevante que ayude a entender el hecho. Pero, al igual que vamos atrás en el reconocimiento de la diversidad (y en tantos otros asuntos relativos a la dignidad individual), también los códigos deontológicos se ven superados por la derecha, la ultraderecha y la recontraderecha. Pensaba en ello repasando dos noticias contiguas en Ok Diario: "Detenido un marroquí por el asesinato del historiador de Almería" y "Un ataque a una sinagoga en Manchester deja al menos dos muertos".
En el primer caso, ¿qué aporta la nacionalidad? La pieza no explica en absoluto el motivo del crimen ni la relación entre asesino y víctima, así que una nacionalidad no ilumina nada: solo sirve para alimentar el vínculo perverso que vincula inmigración magrebí y la violencia. Un magrebí. No necesitas saber nada más: tú y yo ya nos entendemos, ¿verdad? (golpecito de codo cómplice de cuñado en las costillas.) En la segunda noticia, en cambio, no se dice nada del asesino, cuando todo hace pensar que el odio religioso puede ser el motivo del atentado. La policía inglesa dice que ha identificado al atacante, pero no ha dicho nada sobre su identidad. Y ni los medios británicos están jugando esa carta ni la policía lo ha filtrado para adelantar su agenda. Es la diferencia de calidad democrática en uno y otro lugar, medida tanto por las fuerzas del orden como por sus medios. A medida que nos arrebatan libertades individuales y colectivas, también se degrada el nivel del periodismo, o el pseudoperiodismo, que se utiliza para consolidar tópicos y criminalizar a colectivos. Destacar la nacionalidad de un delincuente solo cuando te conviene e incluso cuando no explicas por qué es relevante es una de las estrategias de la ultraderecha mediática española y, cada vez más, también de la catalana.