La pifia freudiana del ‘New York Times’

Cumbre de la OTAN en La Haya
05/04/2026
Jefe de Media
2 min

Arturo San Agustín explicaba las tribulaciones de un reportero que después de pasarse media hora decidiendo si se escribía Gorbachov o Gorbachov –era antes de internet, claro– acabó adjudicándole el cargo de presidente de los Estados Unidos. La anécdota es una fábula sobre la inevitabilidad del errata: cuando miras a un lado, ella te tiende la emboscada justo al lado. El New York Times ha publicado un titular a bombo y platillo que decía: “¿Una Organización del Tratado del América del Norte sin América?” Una vez ya impreso, se han dado cuenta de que la A de OTAN no es de América, sino de Atlántico. Con lo cual, buena parte de la intención del titular decae.

El errata ha hecho fortuna en las redes porque se considera una de esas resbalones freudianas que, más allá del error, evidencian el marco mental del medio. Pero, sobre todo, ilumina uno de los males de los medios: la crisis de la prensa ha recortado muchas partidas por doquier y las de editores y correctores son algunas de las más sangrantes. Y si bien es cierto que los periodistas tenemos más recursos que nunca para autoeditarnos, solo hay que haber trabajado un poco en algún servicio de producción de textos para saber que es imprescindible una segunda y tercera mirada si queremos minimizar (que no eliminar) los pifies. Supongo que el hecho de publicar primero en la web también ha relajado un poco los hábitos: contamos con poder corregir las meteduras de pata inadvertidas que nos señalan los lectores en los comentarios. (Ya que estamos: gracias a los que me han pulido las mías.) Si a todo ello le sumamos que ahora un redactor escribe el triple de textos que hace veinte años, y la prisa de la inmediatez, tenemos la fórmula perfecta para la multiplicación del errata, a pesar de las nuevas herramientas de autocorrección. Por no decir cuando son estas mismas herramientas de autocorrección las que crean el caos y nos dejan perlas como "Leo Messi" y otros gloriosos ejemplos similares, algunos de los cuales acaban siendo míticos e, incluso, entrañables.

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