Políticas de alfabetización mediática, más allá del mantra
¿Cómo luchamos contra las fake news? “¡Con la alfabetización mediática!”, responde el coro, al unísono, con la satisfacción ufana de saberse la respuesta. Pero, aparte de entonar este clamor autocomplaciente, ¿qué estamos haciendo para realmente aumentarla en nuestras democracias? Entiendo que este es el desasosiego subyacente que ha motivado el manifiesto de la Plataforma para la Educación Mediática, que reclama al gobierno que traduzca las buenas palabras en medidas concretas. Efectivamente, como se trata de un asunto transversal que de ninguna manera afecta solo al departamento de Educación, existe el peligro de que –unos por otros– no se implementen políticas relevantes que ayuden a mejorar los recursos de la gente a la hora de navegar unas aguas informativas con muchas más corrientes, remolinos, escolleras y cantos de sirena que nunca. Y que sabemos que el maremoto está aquí para quedarse.
Una buena política de vacunación contra las intoxicaciones informativas pasa por un fomento de la lectura de prensa, que todavía hoy es la principal herramienta de adquisición de sentido crítico, en tanto que la letra escrita es el medio que permite una complejidad de discurso mayor y más profundización. No es ninguna casualidad que, en los ránkings internacionales, los países del norte de Europa sean los que aparecen mejor parados, y también los que consiguen mayores índices de lectura (en general y de prensa). Políticas generalistas no sectarias ni arbitrarias –para evitar la injerencia partidista– pueden ayudar a este sector a defenderse mejor contra unas redes sociales y gigantes de internet que han roto el modelo de negocio de los medios con prácticas extractivas y abusivas. La única medida que hace falta es un tablero de juego justo y menos impunidad para la pseudoprensa. En el caso de la radio y la televisión, la cuestión no es aumentar el consumo (que ya es elevado) sino generar un cambio cultural. Lo abordaré en un próximo artículo.