Los retos de John Ternus, el ingeniero que comandará Apple
Tim Cook ha convertido Apple en la empresa más valiosa de la historia. Ahora le toca a su sucesor demostrar que puede hacer aquello que él nunca consiguió: reinventarla
Cuando Tim Cook asumió el relevo de Steve Jobs, en septiembre de 2011, Apple valía 350.000 millones de dólares. Cuando la deja, 15 años después, vale 4 billones –de los nuestros; trillones de los suyos–. En total, Cook ha creado casi 3,7 billones de valor para los accionistas, una cifra que ningún otro directivo norteamericano ha igualado, salvo Jensen Huang en Nvidia. La acción ha subido cerca de un 2.000% durante su mandato, muy por encima del rendimiento del conjunto de la bolsa.
Los números hace tiempo que cerraron el debate sobre la idoneidad de Cook. Ahora bien, las cifras no explican del todo cómo lo ha hecho, ni por qué hace años que Apple no sorprende a nadie con un producto realmente nuevo.
El gestor que superó al visionario
Cuando Steve Jobs murió, el 5 de octubre de 2011, todo el mundo se preguntaba si Apple podría sobrevivir sin él. Jobs había reinventado la informática personal, la música y los teléfonos en menos de una década. Cook, en cambio, era el gestor que había construido una cadena de suministro global capaz de producir cientos de millones de dispositivos cada año.
Lo que nadie esperaba es que ser un buen gestor pudiera generar tanta riqueza. Cook entendió que el iPhone era la gallina de los huevos de oro y que su trabajo consistía en no matarla. Dos años después de asumir el cargo, cerró un acuerdo con China Mobile, la operadora más grande del mundo, y las ventas se dispararon. China se convirtió en el segundo mercado de Apple, y el iPhone pasó de producto de moda a infraestructura personal que cientos de millones de personas renovaban cada tres años.
Pero Cook no se quedó ahí. Entendió que los aparatos podían ser los cimientos de un negocio de servicios mucho más rentable. Hoy esta actividad –App Store, Apple Music, Apple TV+, iCloud, Apple Pay y todo lo demás– es el doble de rentable por euro facturado que la venta de dispositivos. El resultado: más de 100.000 millones de dólares de beneficio neto cada año.
Las asignaturas pendientes
Cook nunca se ha librado del todo de la etiqueta de no ser un creador de productos. Durante sus 15 años, Apple lanzó los AirPods y el Apple Watch, productos competentes y rentables, pero que no representaron los saltos que Jobs había protagonizado con el Mac, el iPod, el iPhone o el iPad.
Cuando Cook intentó apostar por algo realmente nuevo, las cosas no fueron tan bien. El proyecto del coche autónomo –conocido internamente como Titan y que se miraba en Tesla, a menudo considerada la Apple de la automoción– quemó miles de millones de dólares durante casi una década, para acabar siendo cancelado en 2024 sin haber producido ni un prototipo presentable.
También ha pinchado el Vision Pro, el visor de realidad mixta que Cook presentó en junio de 2023 con un entusiasmo infrecuente en él. Un dispositivo impresionante, pero pesado, caro y sin un caso de uso que atraiga a los consumidores normales. Las ventas han estado muy por debajo de las previsiones.
Y después está la inteligencia artificial (IA). Aquí el balance ha de ser más matizado. Apple va mucho más lenta que Google, Meta, Microsoft u OpenAI en el despliegue de modelos de IA generativa, y Siri continúa siendo la mayordoma digital más torpe de las que tenemos al alcance: una anomalía en una empresa que hace chips que cualquier ingeniero de IA querría tener. La promesa de una Siri reformada –anunciada hace casi dos años– sigue siendo, a día de hoy, una promesa.
Pero aquí hay que ser justos con Cook. En un sector donde empresas como OpenAI han lanzado productos de IA sin miramientos por las alucinaciones, la privacidad o la seguridad, Apple ha optado por ir lenta y hacerlo bien. Que haya acabado pactando con Google para integrar Gemini en la nueva Siri podría parecer una debilidad, pero es puro pragmatismo: si no tienes el mejor modelo, coge el del mejor. La prudencia ante la carrera desenfrenada puede parecer timidez, pero también podría resultar un acierto.
John Ternus, el séptimo
El día 1 de septiembre John Ternus se convertirá en el séptimo consejero delegado de la historia de Apple, una lista que incluye nombres ilustres y algunos no tanto. Tiene 50 años, estudió ingeniería mecánica y se incorporó a Apple en julio de 2001 después de cuatro años en una empresa de realidad virtual. Prácticamente toda su carrera ha transcurrido en Cupertino, algo que el consejo de administración claramente valora.
Cook deja paso a alguien con su mismo perfil disciplinado, pero con una diferencia importante: Ternus es un ingeniero de hardware que sabe cómo se hace cada pieza de cada dispositivo. Mientras que Cook dominaba la cadena de suministro, Ternus comprende a fondo el producto.
Su gran éxito fue liderar la transición de los Mac de los procesadores Intel a los chips propios –los Apple Silicon– a partir de 2020: sustituir el corazón de los ordenadores por un diseño interno y convencer a toda la industria del software de que se adaptase. Ha funcionado bien: los Mac con chips propios se venden muy bien y ofrecen una de las mejores autonomías del mercado. Ternus lo considera "el cambio más profundo de Apple en productos de los últimos veinte años", y tiene razón. Pero conviene recordar que ninguno de los dos protagonistas de este relevo tuvo nada que ver con la decisión que lo hizo posible: en 1990, con John Sculley de consejero delegado y Steve Jobs fuera de la empresa, Apple cofundó ARM Holdings, la empresa británica que creó la arquitectura sobre la cual funcionan hoy los Apple Silicon –y también prácticamente todos los smartphones del planeta, sea cual sea la marca que lleve en el bolsillo–. Una decisión tomada hace 35 años, en un momento de crisis, por un equipo directivo que la historia ha olvidado.
El iPhone Air y el MacBook Neo: un suspenso y un notable
Los últimos meses han sido una especie de examen anticipado para Ternus. Y el resultado es desigual. El iPhone Air –el terminal más delgado, presentado como el cambio de diseño más importante en años– ha resultado una decepción: demasiado delgado para tener una batería decente, demasiado caro para el público al que se dirigía. Un experimento que ha confirmado que Apple también puede perder de vista lo que el usuario quiere.
La contrapartida es el MacBook Neo, el ordenador portátil a 699 euros con chip de teléfono móvil que Ternus considera uno de sus orgullos. Y con razón: Apple había evitado durante décadas el segmento de los ordenadores baratos, convencida de que perjudicaba la imagen de marca... y los márgenes. David Pogue, en su reciente libro crónica de los 50 primeros años de la empresa, lo detalla. El Neo rompe con este dogma y, de momento, las ventas le dan la razón.
Los retos
El gran interrogante de la era Ternus no es si sabrá gestionar Apple, sino si sabrá impulsar las decisiones radicales y a menudo incómodas que definen los grandes saltos tecnológicos.
Ternus toma el volante en un momento en que la nueva versión de Siri –con Gemini de Google en el motor– debe demostrar que Apple puede ser relevante en IA. Si falla, la credibilidad de la empresa quedará tocada. Si funciona, podría abrir una vía propia: IA privada, procesada en el dispositivo, sin enviar nada a la nube. Los chips Apple Silicon ya pueden ejecutar modelos de lenguaje localmente. Si Ternus consigue hacer una propuesta clara, Apple podría encontrar en la IA su diferencial definitivo, precisamente gracias a la prudencia que ahora le reprochan.
Mientras tanto, Tim Cook seguirá presente como presidente ejecutivo del consejo. Ha sido el hombre que se llevaba bien tanto con Trump como con los líderes chinos. Ternus deberá aprender a ser también diplomático en un mundo cada vez más complicado, con las cadenas de suministro bajo presión y el futuro de la fabricación en China, la India y los Estados Unidos por resolver.