Señalamientos racistas y culpar al redactor
Dos chicos catalanes, Ahmed y Youssef, han pasado un calvario porque alguien cogió sus fotografías y dijo que eran los asesinos de una mujer de 83 años en Burgos. Perfiles de ultraderecha difundieron masivamente sus respectivas imágenes para alimentar el discurso racista y, como ocurre siempre, las rectificaciones viajan más lentas que los bulos, que ruedan y ruedan y llegan mucho más lejos. Yo me quiero fijar, en todo caso, en el medio El Imperial, que fue uno de los que amplificaron esta mentira. El nombre, claro, ya paga. “Se publicó por error la identidad de dos chicos completamente ajenos al caso. El incompetente que publicó la noticia ya está expulsado del medio”.
No tengo ni idea de quién es el incompetente en cuestión. Ni me importa. El lector habitual de esta columna habrá notado que nunca hablo del autor de una noticia que comento –salvo que sea una columna de opinión– porque quiero poner el foco no en la persona, sino en la estructura que ha permitido un desbarajuste. Y, en este caso, el problema no está en el pobre diablo racista que buscó dos fotografías de personas racializadas para alimentar el viejo odio xenófobo, sino en el medio que lo compró sin contrastar. El incompetente es quien salivó tanto que se olvidó de preguntarse si era verdad. Quien quería muy fuerte que fuera verdad, porque eso le permitía confirmar su prejuicio. “Juramos que no se volverá a repetir un error como este”, escribían en las redes sociales, sin explicar qué piensan hacer y qué mecanismos han activado para conseguirlo. Viendo su hilo de noticias, que se centra exclusivamente en criminalizar a inmigrantes y antifascistas, apostaría que pronto serán reincidentes. Y que despedirán otro incompetente, si es que el primero llegó a existir y no es el patético intento de un perfil cobarde anónimo para esquivar consecuencias legales.