La serie de animación acusada de fomentar la piromanía
La MTV tuvo que cambiar algunas tramas y retrasar el horario de emisión por un suceso poco claro
BarcelonaCada domingo de verano, el ARA repasa alguna de las series más polémicas de la historia de la televisión. La segunda entrega corresponde a Beavis and Butthead, una serie de animación de difícil clasificación por edades.
Los dos adolescentes que más triunfaron en la era dorada de la MTV, allá unos ya lejanos años 90, no fueron los integrantes de cabeza boy band, ni un dúo de hip-hop con actitud, sino dos adolescentes descarriados y muy pallusos que, en forma de dibujo animado, protagonizaron una de las series más icónicas de la cadena: Beavis and Butthead. Dejados de la mano de dios –nunca veíamos a sus padres– pisaban los vídeos del canal con sus comentarios sinvergüenzas y, entre clip y clip, les pasaban mil desgracias fruto de su bretolismo y de una crianza negligente.
La primera tirada de episodios se emitió entre 1993 y 1997 y estuvo salpicada de numerosas polémicas: aquello no era como Los Simpson, que echaban de humor irónico pero amable y apto para el público familiar, sino que era toda una sinfonía de destrucción y uso discutible de sustancias. Uno de sus críticos más abrumados fue Terry Rakolta, la líder de la organización conservadora Americans for Responsible Television. Se había hecho célebre cuatro años atrás como impulsora de un boicot en la serie Married with children (por haber mostrado a una mujer de espaldas pero mostrando las tetas al protagonista), que se saldó con una rebaja del contenido más subido de tono y el retraso de media hora de la serie. Con Beavis and Butthead no tuvo tanta suerte, por mucho que denunciara el lenguaje vulgar, lleno de dobles sentidos, o el maltrato de animales en algunas de las escenas.
Hasta que llegó la fecha fatídica del 6 de octubre de 1993. Ese día el pequeño Austin Messner, de cinco años, prendió fuego a la caravana de su madre con un mechero y el incendio mató a su hermana, de dos años. La madre culpó a la serie del incidente, ya que, según su relato, poco antes el niño había estado mirando un episodio de la serie donde Beavis manifestaba uno de sus rasgos característicos: la fascinación por el fuego.
Aunque algunos vecinos se mostraban escépticos con esta versión de los hechos y recordaban que la madre no tenía televisión por cable y, por tanto, no tenía acceso a poder ver la serie, igualmente la MTV aceptó mover la serie de las siete de la tarde a las diez de la tarde, para indicar claramente que se dirigía a un público; eliminó algunos episodios, y rebajó las referencias al fuego. El creador de la serie, Mike Judge, decidió jugar esta censura a su favor, por lo que de vez en cuando el Beavis llamaba palabras muy parecidas a feria tales como "liar, liar!" o "fryer, fryer!" (mentiroso y freidora, respectivamente).
Quince años después del incidente, Messner rechazó también la idea de que su acción estuviera promovida por la serie: "Literalmente, nunca vi aquellos dibujos animados. ¿Cómo pudo hacerlo? Era 1993, mi madre era una drogadicta. ¡No podíamos pagar televisión por cable!" Pero la cadena, por prudencia, prefirió hacer un gesto ante la ola mediática levantada por ese caso. Y emitió un comunicado en el que recordaba que aquella serie no estaba pensada para niños y que, en todo caso, parodiaba a unos personajes que en ningún caso debían tomarse como modelo de comportamiento, como era evidente viendo su situación, la estupidez general de la que hacían gala y los tristes resultados de sus ideas. Su creador, Mike Judge, siguió con otros proyectos de animación, como King of the hill, de ánimo mucho más moderado. Y la pareja de gambirots fue objeto de un reboot en el 2022, pero entonces la MTV era ya un vestigio de lo que había sido y en la plataforma donde se emitió, Paramount+, los nuevos episodios pasaron sin pena ni gloria.
Paradójicamente, el paso del tiempo ha hecho valer la ley del péndulo y son los capítulos tempranos los que son ahora objeto de adoración. En su origen eran los conservadores los que se escandalizaban por los comportamientos de los dos gamarrusos. Pero, vistos hoy en día, algunos de esos capítulos no pasarían la prueba del algodón progresista, como uno en el que los chicos denunciaban falsamente a una chica por acoso sexual por llevar ropa demasiado provocativa, en una muestra inequívoca de slut-shaming que provocaría llamadas a la cancelación. Y, justo por eso, algunos círculos de la llamada manosfera –blogs y seudomedios que reivindican los aspectos considerados por los progresistas como tóxicos de la masculinidad– han empezado a reivindicar Beavis and Butthead porque hoy desatarían las iras de los wokes. Concebidos como crítica social nihilista, al final sí han acabado siendo modelos y héroes –tal y como la cadena quería evitar– y por todas las razones equivocadas.