El Tour y el fuego: Cataluña desde el aire

Imágenes desde el aire del incendio de las Gavarres.
Periodista y crítica de televisión
2 min

El domingo las etapas iniciales del Tour de Francia atravesando Cataluña nos ofrecieron unas imágenes magníficas del país. Más allá de la competición deportiva y el gusano de bicicletas circulando a toda velocidad por las carreteras, el Tour tiene una vertiente turística muy atractiva. Desde siempre, los paisajes adyacentes a la carrera, sobre todo los que nos muestra la televisión a vista de pájaro, son cautivadores. Se descubren campanarios, castillos, iglesitas y pequeños pueblos, trazando un recorrido tentador de visitar. Todo parece más bonito. Esta vez, excepcionalmente, eran nuestros pueblos y ciudades. Vimos la iglesia de Cubelles, las playas de Calafell y Vilanova, el castillo de Olèrdola y una Sitges espectacular, con las casas del paseo y el Cau Ferrat. Magnífica la iniciativa de Viladecans de dibujar sobre un campo labrado una gran bicicleta con el nombre de la localidad para reivindicarse internacionalmente. La catedral de Sant Feliu de Llobregat, desde el aire, gana en presencia. Impresionante el Walden de Sant Just con la gente en los balcones. Vimos el castillo de Cervelló, la Colònia Güell y el monasterio de Pedralbes. Barcelona se desplegaba ante unas vistas del Tibidabo, y enseguida los grandes hits más turísticos de la ciudad: el Camp Nou, La Pedrera, la catedral de Barcelona y el Mercado de Santa Caterina. Con la entrega de galardones nos mostraban las vistas esplendorosas desde el Observatorio Fabra con la cuadrícula emblemática del Eixample y el Mediterráneo en el horizonte. Desde el cielo el punto de vista es tan épico que todo parece mejor. Incluso los polígonos industriales del Baix Llobregat no tienen una apariencia tan inhóspita. La realización del Tour es delicada y sensible al entorno. Se nota la voluntad de dejar contento al anfitrión que paga. El ritmo vertiginoso del Tour ha podido mostrarnos una especie de Cataluña en miniatura, donde repasas parte del país de un vistazo, que se puede cruzar a una velocidad a la que el tren no nos tiene acostumbrados. El verde de la vegetación y los colores de los cultivos en verano disimulaban un calor que en la televisión no se nota. Collserola se veía frondosa y fresca sobre la ciudad.Pero en el Telenoticias vespertino el panorama cambiaba. La Cataluña vista desde el aire se volvía trágica y angustiosa. Un equipo de TV3 subió a un helicóptero de los Agentes Rurales para sobrevolar el rastro del incendio del macizo de las Gavarres. Un paisaje gris. El tapiz verde se volvía negro, mostrando a los espectadores el alcance y el perímetro del fuego. También se veían algunas de las casas quemadas y las manchas de terreno que, de forma inaudita, resistieron a las llamas. Desde el aire se entiende mejor todo el lenguaje técnico de los bomberos a la hora de explicar la evolución geográfica del fuego.La distancia que nos da la mirada desde el cielo muestra el país de una manera mucho más clara, más sencilla. La perspectiva también deviene mucho más épica y emocionante. Debe ser por eso que las imágenes, por majestuosas o por trágicas, se convierten en hipnóticas.

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