Europa busca su sitio en el mundo


La cumbre convocada a toda prisa por el presidente francés, Emmanuel Macron, en París para intentar coordinar la posición europea sobre Ucrania se puede leer de dos maneras: como una muestra de debilidad, ya que todo apunta a que la cumbre importante será la que celebrarán en Arabia Saudí Estados Unidos y Rusia, y como un primer paso para intentar enderezar la situación. En cualquier caso, Macron ha demostrado olfato y agilidad y ha querido contrarrestar la imagen de debilidad que Europa ofreció en la Conferencia de Múnich (¿a quién se le ocurrió esta ubicación de oscuras resonancias históricas?) con un encuentro que, a pesar de ser informal, parece en realidad el primer paso serio que se hace en la época de la Europa que la hace de un tiempo para articular. Además de Francia y Reino Unido, en la cumbre han participado los jefes de gobierno de Alemania, Italia, España, Polonia, Países Bajos y Dinamarca, una especie de G-8 europeo (con la UE y la OTAN) que busca su lugar en el mundo tras el divorcio con los Estados Unidos de Trump que se escenificó en Múnich.
La reunión de París, queridamente informal, no ha terminado con ningún acuerdo oficial porque, como recordó el propio Sánchez, aquello no era ningún Consejo Europeo, pero sí debería servir para lanzar el mensaje de que Europa está dispuesta a ayudar a Ucrania ya hacerse valer ante el intento de Washington y Moscú de resolver la guerra de forma. Ahora bien, para que tanto Kiiv como sobre todo Washington y Moscú se tomen en serio Europa y consideren que debe tener un lugar en las conversaciones, los europeos deben demostrar que están dispuestos a tomar medidas importantes ya utilizar su peso específico. Muchas veces se ha dicho que Europa era un gigante económico pero un enano político, y mientras la alianza con Estados Unidos funcionaba y Rusia se comportaba como un país aspirante a ser una democracia, las cosas fueron razonablemente bien. Pero ahora la situación ha cambiado. Si no reacciona pronto, Europa corre el peligro de ser humillada por Donald Trump y Vladímir Putin, que pretenden actuar como si el Viejo Continente no existiera.
De entrada, en la reunión los líderes recordaron al británico Keir Starmer que todavía no ha llegado el momento de hablar de enviar tropas de paz, con la guerra todavía en marcha. Y es que las palabras de Starmer pueden interpretarse como un gesto de seguidismo en Trump, que seguro que querrá llegar a un acuerdo con Putin y luego hacer que los europeos paguen la factura tanto del mantenimiento de la paz como de la reconstrucción. La prioridad debe ser, como mantienen Macron y Scholz, evitar una derrota de Ucrania que aumente a Putin y negociar unas condiciones de paz duraderas y justas para los ucranianos. Y, en todo caso, Europa debe poner en marcha un plan urgente para que la próxima crisis que se dé en suelo europeo no pueda resolverse sin que su voz sea escuchada. El enano político debe hacerse mayor en un mundo en el que el orden multilateral se va hundiendo y va emergiendo uno nuevo que, como en los tiempos más oscuros de la humanidad, se rige por la ley del más fuerte.