Laia Palau: "Girona, en bicicleta, es otra cosa"

Exjugadora de baloncesto

Laia Palau con su bicicleta en la Devesa de Girona, uno de los lugares que le gustan más.
08/08/2026 - 13:01 h.
3 min

GironaCuando Laia Palau (Barcelona, 1979) dejó de jugar a baloncesto en 2022 para iniciar una nueva etapa dentro del Uni Girona, se compró una bicicleta. Durante años, los contratos le habían prohibido pedalear para evitar lesiones. Entró en Decathlon y salió con “el caballo”, como llama a la bicicleta que hoy es una extensión de sí misma y que la acompaña a todas partes, incluso a comprar el pan cada mañana. "Cuando empiezo a ir cada día hasta Fontajau pienso que hago un camino maravilloso –explica mientras cruzamos el puente sobre el Ter–. Cruzo la Devesa, cruzo el río, veo las montañas, unas puestas de sol alucinantes... Pensaba en todos los míos de Barcelona y decía: «¡Sois unos pringados!» Cada día pensaba: «Qué afortunada soy»".

Durante años había conocido Girona desde la ventana del pabellón. La bicicleta le descubrió una ciudad completamente diferente. Llegó en 2018 después de una larga trayectoria internacional, convencida de que allí acabaría su carrera deportiva. Lo que iba a ser una última parada, sin embargo, se ha acabado convirtiendo en su casa. Cuando se retiró de las pistas asumió la dirección deportiva del Spar Girona y, más adelante, pasó a formar parte del cuerpo técnico. Pero aquella nueva etapa tampoco acabó de encajar. Después de meses de reflexión, el pasado diciembre puso punto final a su vinculación con el club. “Para mí no era dejar un trabajo cualquiera. Abandonar el barco es abandonar un poco al equipo”, admite.

Desde entonces no ha vuelto a Fontajau para ver ningún partido. Tampoco ha repetido aquel trayecto diario que tanto había llegado a amar. “La vida es muy sorprendente. Girona es pequeña y conozco a mucha gente, pero durante los tres primeros meses no me encontré a nadie. Nadie”. Quien sí se ha mantenido fiel es el caballo. “Girona, en bicicleta, es otra cosa”.

Cambio vital

Nos encontramos en el carril bici que pasa bajo el viaducto. Hace solo un cuarto de hora que ha salido del gimnasio y llega puntual pedaleando. Acaba de volver de grabar La travessa VIP, uno de los primeros proyectos que ha aceptado después de dejar definitivamente el baloncesto. Por primera vez desde que era una niña, no vive pendiente de un entrenamiento ni de un partido. “Siempre puedes ir persiguiendo la excelencia... pero ahora no tengo ganas de tener esa responsabilidad. Ya la he tenido muchos años”, dice. El equipo, para Palau, era un “organismo vivo” donde siempre le pasan cosas. Una rueda “sin parar” que no le permitía llegar a desconectar nunca. “Yo estoy descubriendo cosas de mí que hasta ahora no sabía, y estoy haciendo cosas que no había hecho nunca. Es muy enriquecedor, si te he de ser sincera”.

Por primera vez en décadas, no vive pendiente del siguiente reto deportivo. Y es aquí donde la bicicleta cobra sentido: es una manera de moverse, de mirar la ciudad y de habitar un tiempo nuevo. Cuando le pregunto si algún día se animará a hacer las mismas rutas que los cientos de ciclistas deportivos que llenan las carreteras gerundenses, ríe. Confiesa que en La travessa VIP lo ha pasado “fatal” en las subidas y que las bicicletas de montaña no son para ella: la posición le castiga la espalda, su punto débil después de la operación. No habla de vatios, de puertos ni de kilómetros. Su bicicleta sirve para ir al gimnasio, comprar el pan o cruzar Girona. “Tenemos que diferenciar al ciclista deportivo de la gente que se mueve por Girona”, señala taxativa.

La exjugadora de baloncesto Laia Palau y la periodista Mariona Ferrer en el carril bici del viaducto de Girona.

Cuestión de estatus

Llegar cada día a Fontajau en bicicleta también le sirvió para darse cuenta de que la movilidad todavía arrastra muchos prejuicios. “Es una cuestión de estatus”, dice sin rodeos. Explica que, a veces, tenía la sensación de que la miraban como "la pobre tonta" por presentarse pedaleando en el pabellón. Ella, en cambio, lo vivía con orgullo: “Pensaba: «Soy la más moderna de aquí»”.

Le pregunto si algún día se atreverá a hacer un viaje en bicicleta. Sonríe. Dice que sí, que le gustaría ir algún día hasta la playa o hacer una ruta tranquila, pero sin mirar el reloj ni perseguir ningún reto. Solo por el camino. La respuesta encaja con la nueva etapa que vive. Después de toda una vida compitiendo, su caballo ya no sirve para llegar antes que nadie. Sirve, simplemente, para ir.

En cuatro preguntas
  • ¿Cuándo te compraste la bici? Cuando dejé de jugar, me compré una bici. Antes lo tenía prohibido por contrato.
  • ¿Para qué la usas? Para moverme por Girona, incluso para comprar el pan. No para entrenar ni competir.
  • ¿Qué te ha dado la bici? Una calidad de vida increíble. Cruzar la Devesa cada día, también el río y ver las montañas.
  • ¿Te gustaría hacer algo en bici que aún no has hecho? Ir a la playa o hacer algún viaje tranquilo, sin pensar en el tiempo.
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