Diana Gabaldón: "Gracias al triciclo vuelvo a correr"

Usuaria de En Bici Sin Edad

Joseba Inchaustegui, voluntario de En bici sin edad, y Diana Gabaldón, usuaria del programa en la residencia Les Vetes.
29/08/2026 - 13:01 h.
3 min

Salto“Aquí trabajaba yo”. Diana Gabaldón (El Provencio, Cuenca, 1937) señala la antigua fábrica textil Coma Cros de Salt, convertida en factoría cultural. La carambola del destino ha hecho que ahora viva enfrente, en la residencia Les Vetes. Ha salido en silla de ruedas y sube al triciclo de En Bici Sense Edat. Es una bicicleta eléctrica con un banco delantero pensada para que puedan subir dos personas con movilidad reducida. Tiene 89 años y ya no puede recorrer Salt andando, en bici o en vespino, como hacía de joven, pero gracias a este proyecto de voluntariado vuelve a “correr” –como dice ella– por las calles que descubrió cuando llegó de Cuenca con 18 años.

De muy pequeña había aprendido a pedalear con la bici de su padre entre los campos de lino que cultivaba. Y cuando se fue a trabajar a Girona después de servir en Madrid y Barcelona, se convirtió en el medio de transporte más rápido entre trabajos en los años 50 del siglo pasado. “Salía de la fábrica a las cinco de la mañana, porque trabajaba de noche para poder trabajar también de día. Y me iba de diez a cuatro a la carretera Barcelona a hacer trabajos en casa de una familia”, rememora mientras saluda a una chica que pasa corriendo. “Dormía como podía por la tarde, porque vivía en las barracas del río, todo era muy pequeño y siempre había mucho jaleo de gente. Necesitaba dos trabajos para pagar la pensión a mi tía, que me había acogido en Girona”.

Un proyecto internacional

El triciclo deja atrás enseguida las calles de Salt y se adentra en les Hortes, recorriendo la Vía Verde del Carrilet que lleva a Olot y Sant Feliu de Guíxols. Al manillar va Joseba Inchaustegui, voluntario y coordinador del proyecto En Bici Sense Edat en Girona. “Oí hablar de él en 2024, hice el curso de formación para conducir y a partir de ahí ya me enganché –asegura–. Engancha la compañía, compartir la alegría de los paseos con la gente que viene. Esto no tiene precio. Pedaleando compartimos cosas que no compartes en otros lugares”.

Tienen tres triciclos y salen dos veces por semana con gente mayor de la residencia de Les Vetes. Y el último año han comenzado a hacer paseos también por la Devesa con un grupo de niños con discapacidad física y psíquica de un centro de educación especial gerundense. En Bici Sense Edat es un movimiento internacional nacido en 2012 en Copenhague (Dinamarca), impulsado por el activista social Ole Kassow. La idea surgió después de ver a una persona mayor sentada sola en un banco y preguntarse cómo podría devolverle el placer de ir en bicicleta. Comenzó haciendo paseos con un triciclo adaptado en una residencia muy cerca de la comunidad autogestionada del barrio de Christiania, de donde vienen ahora los 4.500 triciclos repartidos por los 3.700 grupos locales presentes en 56 países. En el caso de Cataluña, hay 15 municipios que desarrollan este programa.

Hemos salido a pasear tres triciclos. Por el camino vemos cómo maduran los tomates de la huerta, me explican que en primavera vieron nacer los terneros de vaca frisona que pastan en las dehesas y hemos saludado a los caballos. La vegetación de la ribera del Ter nos protege de este verano tórrido y el espectáculo llega a la Pilastra, en la frontera con Bescanó. La Diana recuerda que a menudo está lleno de niños bajando en piragua por el Parc d’Aigües Braves.

Los triciclos de En Bici Sense Edat en la Vía Verde del Carrilet, a la altura de la Pilastra, en la zona del Parc d'Aigües Braves del Ter entre Salt y Bescanó.

Un viaje en todos los sentidos

Pero más allá del paisaje, hemos viajado al pasado. Cuando el triciclo vuelve hacia la residencia, hemos recorrido poco más de ocho kilómetros. Pero el viaje ha sido mucho más largo: Diana ha pasado por la Coma Cros, las barracas del Ter donde vivían centenares de familias migrantes en los años 50 y 60 –antes de que una riada se las llevara–, el trabajo en la calle Barcelona y el primer amor con un catalán. “Había mucha gente que me tenía envidia y me decía: «Mira, va en bicicleta», «Mira, va con un catalán»...”, explica mientras reivindica su libertad. “A mí me importa un pimiento. Yo voy con él”. Fue en las barracas donde conoció al que sería su marido. Con él empezó a ir en bicicleta a los bailes de los pueblos de alrededor y también recibió la primera bicicleta propia, después de que le robaran una que le dio su tía. Y era en bici que iban a todos los bailes posibles a festejar.

Setenta años después, el triciclo le ha permitido volver a hacer lo que más le gusta: “correr”.

En cuatro preguntas
  • ¿Cuándo aprendió a ir en bicicleta? A los siete u ocho años, con la bici de mi padre. Sabía pedalear pero no leer y escribir.
  • ¿Qué representa salir con En Bici Sense Edat? Hace que mi día cambie y que pueda correr por Salt. Estoy muy agradecida al proyecto.
  • ¿Qué es lo mejor del proyecto? Estar al aire libre y las conversaciones que tenemos con los chóferes, que alegran el día.
  • ¿Pedaleaba mucho de joven? Sí, mucho. Había pocas mujeres que lo hicieran, pero nunca me preocupó. Podía ir arriba y abajo.
Impulsado por Wikiloc
stats