10/12/2020

Un incendio trágico que esconde otra tragedia

3 min
El dron dels Bombers sobrevolant les restes calcinades de la nau cremada al Gorg de Badalona

BarcelonaEl trágico incendio en una nave industrial okupada de Badalona, con tres muertos confirmados que podrían ser más (hay un número indeterminado de desaparecidos, además de 22 heridos, de los cuales 2 críticos y 4 graves), esconde una tragedia que afecta a miles de personas sin papeles que no tienen ninguna más salida que vivir en asentamientos ilegales. Solo en Barcelona las autoridades calculan que hay una setentena de estos asentamientos. En diferentes áreas urbanas de Catalunya se pueden localizar muchos más. El de Badalona era de los más conocidos y de los que reunían más gente: hacía más de una década que existía en las mismas condiciones precarias, y hasta ahora vivían más de un centenar de personas. De hecho, algunos testimonios de los que se han salvado explican que el incendio se habría podido evitar si hubieran dispuesto de agua corriente, pero hace casi dos años se les cortó el suministro. Tenían que ir a la fuente para obtener agua para cocinar, beber y lavarse.

El incendio, pues, es en buena medida la consecuencia de una impotencia o dejadez colectiva a la hora de afrontar la cuestión de la inmigración ilegal a todos los niveles administrativos, desde el ámbito local hasta el europeo, pasando por el estatal y el catalán. Por un lado, la realidad es que la asistencia social no les llega. Las redes vecinales y las entidades sociales, desbordadas, no tienen suficiente capacidad para hacer tareas de suplencia. Por otro, en estas condiciones no resulta extraño que a veces ciertas situaciones deriven, o se hagan derivar, en problemas de seguridad. El resultado es que los que consiguen llegar –a menudo después de jugarse la vida en el mar– no reciban casi ningún tipo de acogida: son pocos los que pueden obtener papeles; son mayoría los que acaban viviendo fuera del sistema, en la marginalidad forzada, cosa que no hace sino abocarlos a situaciones de difícil supervivencia, víctimas de la exclusión social o de mafias ilegales, y a menudo también víctimas de actitudes racistas.

Los discursos xenófobos de formaciones de derecha y ultraderecha que culpabilizan la inmigración se alimentan de esta dura marginalidad, que precisamente es consecuencia de la carencia de políticas reales de acogida, o de una política migratoria a nivel europeo que no ha dejado de privilegiar desde la crisis del 2015 las restricciones de entrada por encima de los derechos humanos. Europa, acomplejada por el auge de los populismos xenófobos, ha levantado 1.000 kilómetros de muros en sus fronteras para parar la entrada de personas desplazadas por la violencia, la desigualdad y la persecución. El nuevo pacto comunitario de migración y asilo impulsado por Von der Leyen busca de nuevo, sobre todo, el control de las fronteras externas. En este contexto, se hace difícil pensar que los que consigan superar los controles no acaben atrapados en los limbos legales o queden directamente fuera de la ley. La misma figura del alcalde de Badalona, Xavier García Albiol, es paradigmática de este uso incendiario de la inmigración y la marginación como arma arrojadiza. Detrás el dramático incendio de Badalona hay un persistente drama de fondo irresoluto.

stats