14/08/2022

África, escenario del choque geoestratégico mundial

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El secretario de Estado  de los EE.UU., Antony Blinken, y la ministra de Exteriores de Suráfrica, Naledi Pandor, durante la visita en Pretoria (Suráfrica) de la cabeza de la diplomacia norteamericana .

BarcelonaMás de medio siglo después de la descolonización, África continúa siendo escenario del choque entre las antiguas potencias coloniales y Estados Unidos, por un lado, y China y Rusia, por otro. Y en el contexto provocado por la invasión rusa de Ucrania y la tensión entre Estados Unidos y China debido al estatus de Taiwán, todos los actores se esfuerzan por tener un pie en un continente muy rico en materias primeras y con mucho potencial de crecimiento de futuro. Es por este motivo que los últimos meses han hecho giras por diferentes países tanto el secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken, como el ministro de Exteriores ruso, Serguei Lavrov, con el objetivo de ganar apoyos para sus respectivas causas.

Si bien es cierto que Europa y Estados Unidos mantienen una fuerte presencia militar en el territorio con la excusa de luchar contra el yihadismo, y que Francia y el Reino Unido son todavía los países con más activos en el continente, China ha ganado mucho terreno en los últimos años, hasta el punto que ya es el principal suministrador de mercancías para una mayoría de países africanos. No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta de que quien tenga acceso en el futuro a los recursos africanos y buenas relaciones comerciales con sus países obtendrá una posición de privilegio geoestratégico. Esto ya hace tiempo que lo vieron los chinos y ahora lo están haciendo también los rusos, que intentan sustituir a Occidente como proveedores de armas.

La irrupción de China también está provocando problemas en las economías africanas. Tal como ha pasado en menor grado en Europa, la llegada de mercancías fabricadas a precios bajos está arrasando el débil tejido industrial que apenas se está construyendo en África. Al contrario que Europa y Estados Unidos, que han podido capear la pujanza china apostando por sectores de mayor valor añadido, en África no tienen esta opción. Ahora bien, China se beneficia de la fragilidad política de muchos países (con el añadido de la corrupción endémica) y también del fuerte sentimiento antioccidental que todavía perdura por las atrocidades del colonialismo.

¿Qué puede hacer Europa ante este panorama? En primer lugar, abandonar actitudes supremacistas o paternalistas y escuchar la voz de los dirigentes africanos que quieren realmente mejorar la vida de sus conciudadanos, y comprometerse a buscar fórmulas que provoquen un beneficio mutuo bajo la bandera del respeto a los derechos humanos. Esta es la alternativa al modelo autocrático y extractivo que plantea China, que con la excusa del comercio puede acabar practicando una especie de colonialismo 2.0 y convirtiendo a todas aquellas sociedades en dependientes de sus productos. Europa y Estados Unidos tienen que ofrecer otro modelo de colaboración, de tú a tú, sin rastro de la herencia colonial y respetando siempre la libre determinación africana. A Europa le conviene especialmente una África próspera y libre de influencias chinas. Pero para ello hay que empezar a revisar muchas de las políticas que se han llevado a cabo las últimas décadas y que explican en parte la situación actual del continente.