Los americanos han desnudado al rey
No ha sido la evidencia de que Trump es un presidente mentiroso, grosero, ególatra, con síntomas de incapacidad mental y que solo mira por él y sus amigos lo que fundamentalmente le ha derrotado, sino el coste de la vida. Es lo que hay.
No ha sido, precisamente, un virtuoso ejercicio de dignidad nacional sino de lógica supervivencia económica. Quizás sí que en ciudades como Minneapolis los votantes han hecho pagar a Trump las redadas de los matones del ICE, pero en los Estados Unidos no se puede ir a unas elecciones con el precio de la gasolina más disparado de los últimos tiempos.
No han sido exactamente los candidatos demócratas los que han ganado, sino que han sido los republicanos los que han perdido, arrastrados por un presidente en caída libre. Los estadounidenses, que 65 años atrás fueron convocados solemnemente por su presidente a preguntarse qué podían hacer por su país, ahora han constatado que el insensato que eligieron no estaba haciendo nada por ellos, excepto engañarles con falsas promesas de no declarar guerras en tierras lejanas mientras se llenaba los bolsillos.
La primera y buena noticia, pues, es que por fin las mentiras de Trump han sido derrotadas por la verdad de los hechos. Y la segunda es que la democracia, esta noble, antigua y abollada fábrica de ciudadanía, sí que continúa cumpliendo su promesa de cambiar el poder de manos (con las limitaciones propias de un sistema supercapitalista) de manera pacífica. Los estadounidenses han desnudado al rey. Que los demócratas sepan vestir a otro que tenga un proyecto para la mayoría y sea ganador, eso ya son otros costales.