¿El aumento de gasto militar está justificado?

Soldados izando la bandera europea en Estrasburgo.
23/03/2025
4 min
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El gasto militar en 2023 en EE.UU. fue de 761.000 millones de dólares. En la UE, de 268.000 millones de dólares; y en Rusia, de 81.000 millones de dólares. Para la UE, ganar la guerra en Ucrania no es una cuestión de gasto militar (tenemos sobra). Es necesaria voluntad de ganar y aceptar que habrá bajas. Europa no acepta.

Para España, incrementar el gasto militar del actual 1,3% del PIB, 19.721 millones de euros, al 2% en 2030, 30.343 millones de euros supone disponer en estos cinco años de 26.385 millones de euros más, si el crecimiento es lineal. No hay manera de gastarlos o invertirlos, salvo comprar aviones, radares y misiles, entre otros, en EE.UU. No existe industria en Europa especializada en defensa capaz de responder a esta demanda a corto plazo. La petición de EE.UU. de aumento del gasto militar tiene, sin duda, esto en mente, y más con una administración tan mercantilista como la actual. También intenta ahora, aprovechando la debilidad de Ucrania, cobrarse (en exceso y en materias primas) el gasto militar realizado hasta ahora.

España, desde el siglo VIII, no ha sufrido una invasión militar, salvo la francesa de 1808. No es el caso de Polonia, ni de los estados bálticos, que fueron invadidos en numerosas ocasiones, la última en 1940 por el Tercer Reich y en 1944 por la URSS.

La inversión militar es de más del 3% del PIB en Estonia, Lituania, Letonia y Polonia y menos del 2% en Italia, España y Bélgica. El resto de estados de Europa están en torno al 2%. La única excepción es Grecia, que tiene un presupuesto militar de más del 3% del PIB por el recuerdo de la cruenta guerra con Turquía a principios del siglo XX, de la que todavía sufre consecuencias (como, por ejemplo, Chipre).

Esto hace evidente que ahora el gasto militar de los estados miembros de la UE, con una Rusia cercana e imperialista, está ligado a su propia memoria histórica.

La petición explícita de EEUU de que todos los estados de la OTAN aumenten su gasto militar a más del 2% del PIB tiene dos objetivos: reducir la contribución de EEUU al presupuesto de la OTAN, que es del 15,8%, al igual que la de Alemania (España contribuye con el 5,8%), y crear un mercado de demanda que sólo la industria de EEUU puede satisfacer.

España forma parte de un club político y comercial, la UE, que nos ha transferido de 1980 a 2010 sin contrapartidas 80.000 millones de euros. Nuestras infraestructuras financiadas con fondos europeos son excelentes. La red española de ferrocarriles de alta velocidad es la mayor de Europa y la capacidad portuaria española no se saturará hasta dentro de treinta años.

Ahora la UE pide que incrementemos nuestro presupuesto militar al 2% del PIB, como ya hacen el resto de los estados miembros. Más allá de la razón y el fundamento de la petición, que son discutibles, no podemos negarnos. Es necesario hacerlo, por razones políticas. Pero cómo lo hacemos es una decisión nuestra. La inversión en defensa puede tener un importante componente tecnológico. La aviación, el espacio, internet, los antibióticos y la energía nuclear son descubrimientos que, sin la demanda y el impulso militar, no se habrían producido o llegarían más tarde. Lo primero que se concluye de cumplir la petición de incrementar el gasto militar es que hay que dedicar este gasto al ámbito científico y tecnológico, y el segundo es aprovecharlo para realizar este gasto conjuntamente con otras empresas de Europa, de forma que se incremente el grado de internalización de nuestra industria, técnica y ciencia.

El presidente Eisenhower dijo en los años 50 que el lobi de la industria militar americana podía condicionar la política de EE.UU. Entonces las grandes empresas eran las de producción militar (Northrop Grumman, GE, Raytheon, Electric Boat...). Hoy las grandes empresas las encuentran en el campo de la digitalización, comunicaciones y redes. No existe tecnología militar que no tenga doble uso en el campo civil. La frontera entre el campo civil y militar es hoy fina y tenue. Esto da una pista de dónde invertir y cómo invertir, cumpliendo con las peticiones de volumen de la CE, en lo que se refiere a la industria de defensa. Dado que estos presupuestos son públicos, el gobierno tiene la capacidad de guiar e incluso dictar la actividad como considere más adecuado desde el propio interés industrial. Hacer crecer el presupuesto para defensa da al gobierno una gran capacidad para fijar y ejercer una política industrial.

Para la aviación y, en parte, para el espacio, el camino es Airbus. La presencia en el espacio tiene un doble componente civil y de inteligencia militar, clave en la guerra de Ucrania.

Para la construcción naval militar, tiene sentido buscar una asociación europea, singularmente con Francia, a razón de su colaboración con España desde hace años y que ha condicionado la cadena de suministro, que ha trabajado con estándares franceses.

Para la guerra terrestre, el socio podría ser alemán o francés, como continuación del mercado del automóvil.

Pero lo que hace falta es que esta demanda pública vaya acompañada de programas para el fortalecimiento y la tecnificación de nuestras empresas que trabajan en el campo de la defensa. Es lo que produciría resultados tangibles para que la inversión que supone la defensa tuviera un efecto positivo en el propio tejido industrial.

La industria española tiene el problema del tamaño de las empresas, por lo general demasiado pequeñas (muchas pymes). Un programa como éste, en el que el gobierno tiene la clave de la demanda, debería impulsar la colaboración, la integración y la consolidación del sector industrial afectado. Sería un beneficio tangible aunque de alcance moderado.

Si tenemos que hacerlo, hagámoslo, pero aprovechamos los beneficios que nos puede reportar.

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