Donald Trump y Peter Thiel en una imagen de archivo.
01/09/2026 - 18:01 h.
Filósofo
3 min

“La libertad y la democracia son incompatibles”. Fue Peter Thiel, el superhombre de Pay Pal y Palantir Technologies, quien dio así sentido a la ofensiva contra la democracia que ya hace tiempo que corre por los Estados Unidos y que Donald Trump está llevando a la práctica con un abuso de poder sistemático y menospreciando permanentemente el poder legislativo y el judicial. La bola se ha ido inflando. Los ideólogos del gobierno, con el vicepresidente J.D. Vance en primera línea, se han apuntado. Y la riada antidemocrática ha seguido prosperando, en los EUA, pero también en Europa.

Al nuevo capitalismo financiero y digital, la democracia le resulta molesta. ¿Por qué? Pues simplemente porque pone límites y garantiza a las personas derechos que a menudo son vistos como obstáculos para aquellos que creen que todo les está permitido, por ser quienes son, por tener el poder que tienen. Y esta insolencia hace mella y da impulso a la movilización reaccionaria contra la democracia que ahora mismo vemos en todas partes y que en Europa está a punto de llevar al poder a la extrema derecha, que en los momentos álgidos de la democracia liberal era marginal y que ahora tiene acorralados a los partidos liberales y conservadores.

Lo tenemos al lado: en Francia, donde Marine Le Pen puede ser presidenta de la República el próximo año (y, si la justicia no lo impide, porque está pendiente de un proceso judicial, Jordan Bardella, su segundo); en España, donde Vox ya ha subido a lomos del PP y la derecha se ha entregado a los pactos con Abascal y compañía, todo apunta en una dirección similar; e incluso en Cataluña, donde Sílvia Orriols está acorralando a Junts, que, dependiente de la amortizada figura de Puigdemont, se está quedando sin proyecto y regala espacio a Aliança Catalana.

Todo esto para que quede claro que esta ofensiva contra la democracia de ciertos poderes de influencia global nos interpela a todos y no podemos dormitar si no nos queremos ver bajo el dominio del autoritarismo postdemocrático, en fase de expansión sistemática. Y en este sentido las próximas elecciones americanas adquieren una importancia determinante: o el Partido Demócrata salva los muebles o la vía autoritaria, instalada en los poderes económicos hegemónicos, seguirá imparable. Porque finalmente, la cuestión de fondo es esta: vivimos un cambio de sistema económico y lo que está en juego es si el nuevo capitalismo financiero y digital es compatible con la democracia o no. En el trasfondo de todo ello, hay un combate de relaciones de fuerzas entre los grandes poderes de los Estados Unidos, y cada vez da más la sensación de que los sectores más progresistas están en retirada, lo cual no es irrelevante en un momento en que la democracia va a la baja en todo el mundo.

¿Cuál es la aportación de la democracia? Un sistema que otorga derechos fundamentales a todos, pone límites a los abusos de poder y hace posible el reconocimiento de la dignidad de la ciudadanía. Es evidente que los niveles de desigualdad son abismales, pero su lógica es que todo funcione dentro de un marco de respeto a unos principios básicos de reconocimiento. Y parece, ya hace tiempo, que algunos con esto no tienen suficiente. Quieren espacio propio sin límites. Dicho de otra manera: mandar ellos, por encima de todos. Y con Trump han encontrado el bufón ideal en un momento en que el modelo de comunicación digital –en buena parte al servicio de ciertos poderes tecnológicos– favorece su trabajo.

La democracia creció acomodada al modelo de comunicación que configuraban la prensa escrita, la radio y después la televisión, y ahora está desbordada. En todo caso, lo que es alarmante de esta situación es lo que representa de pérdida de la noción de límites, de unos poderosos que creen que todo les está permitido. Y que además lo exhiben físicamente: con cómo se mueven y cómo nos hablan. Thiel es la forma descarada, Trump la versión burda. Y todo lo que no sea su interés les molesta. Hoy las democracias están en declive, hay menos y los partidos autoritarios creciendo por doquier. Si nos la encontramos muerta, no vale decir que no sabemos cómo ha sido. Quien avisa no es traidor.

Dicho de otra manera, no nos engañemos: fuera de la democracia solo hay autoritarismo. Curtis Yarvin, ideólogo de la Ilustración oscura, ha definido el ideal de Peter Thiel y compañía: “Unos Estados Unidos gobernados por una empresa con un CEO vitalicio”. Con esta frase está todo dicho. El dinero al poder. Y el resto, a casa. No vale despistarse, hay que defender la democracia. De verdad, no con ridículos espantosos como el de Emmanuel Macron, que debía liberalizar Francia y su herencia puede ser la extrema derecha al poder.

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