Doce aceitunas

Uva blanca lista para cosechar.
01/01/2026
2 min

Y bueno, ahora que ya ha pasado esto de Fin de Año, dejadme echar un poco de agua al vino. La tradición dice –y hay tradiciones muy nuevas– que hay que comer doce uvas durante las doce campanadas: uno por cada campanada. Como van deprisa, el interfecto procura masticar y tragar, porque la gracia es acabar con el plato vacío.

Somos un país de vino, en la mayoría de territorios de Cataluña hay viñedo. Quiero decir con esto que la viña, aquí, está muy presente: sabemos cuándo es que brotan los pámpulos, sabemos cuándo se cosecha. Y aquí voy. ¿Cómo puede ser que el día 31 de diciembre nos comamos granos de uva de la Denominación de Origen Cámara Frigorífica, venidos de quién sabe dónde, y sin entonces, no fuera caso? Hace unos meses teníamos todas las uvas que queríamos. Ahora, que es invierno, no tenemos, salvo en su forma más preclara: el vino.

Leo que justamente esta idea de comer uva viene de la protesta del populacho, en Madrid, ante los ricos que comían frutas exóticas y bebían champán. Si es así, la protesta irónica ha sembrado el daño. Es cierto que en Navidad se compra cerezas, lichis y piña. Esto quizás tenía un sentido antes, cuando la fruta exótica era un lujo. Ahora, que incluso Pere Aragonès ha explicado que desayuna piña, no tiene nada. Quizá sea hora de hacer como aquellos de los que nos reíamos y hacer la fiesta con aceitunas, que tenemos, o con frutos secos.

Mi propósito de año nuevo es comer, sólo, fruta y verdura de temporada y de la máxima proximidad. Claro que siempre hay cosas venidas de ultramar que son imprescindibles, por ejemplo el café. Claro que nos gusta la idea de cosas que tienen ahí y que no tenemos aquí. Pero comer, ahora, un tomate no tiene demasiado sentido y sobre todo no sabe demasiado.

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