Las entidades sociales, contra Alianza y Vox
El 20% de los inmigrantes son personas de alta cualificación. Hay universitarios que llegan en patera. Lo afirmaba este jueves en un desayuno de Nueva Economía Fórum, en el Hotel Palace de Barcelona, Josep Oriol Pujol Humet, que desde 2002 dirige la Fundació Pere Tarrés, entidad que, como el presidente Salvador Illa, tiene como ideario el humanismo cristiano. Buena parte de quienes escuchaban a Pujol Humet pertenecen al tercer sector social y, por tanto, sintonizan con su preocupación ante el hecho de que un 33% de la población infantil catalana (por debajo de los 16 años) viva en riesgo de pobreza o exclusión social.
¿Quién no ve en esta situación socioeconómica un peligroso caldo de cultivo para el crecimiento de la extrema derecha? Para combatir el populismo xenófobo de Aliança Catalana y de Vox, Pujol Humet aboga por hacer cambios estructurales con el objetivo de reforzar los servicios sociales, la educación y la sanidad. Cree, además, que hay que seguir subiendo el salario mínimo y que hay que abordar con contundencia el problema de la vivienda. "Se lo hemos puesto demasiado fácil a la ultraderecha para que haga demagogia", afirma. Tiene razón, claro. También la tiene cuando señala a Trump como el culpable de impulsar nuevos flujos migratorios a base de cortar las ayudas globales a los países más desfavorecidos. (Por cierto, lo mismo me decía esta semana el arzobispo de Tarragona, Joan Planellas, en un encuentro informal.)
Nacida en 1986 –entonces tenía 7 personas en plantilla y ahora son 4.300 de media a lo largo del año–, la Pere Tarrés atiende a miles de chicos y chicas, sobre todo de familias migrantes. Si fuera por Aliança Catalana y Vox, no tendrían que atender a ninguno. Como tantas otras entidades, hacen un trabajo imprescindible, con la sensación de quedarse cortos. Con Fundesplai, son las dos grandes organizaciones de la educación en el ocio, un mundo que, en el terreno estricto del voluntariado, también cuenta con el escoltismo. Por las tardes, al salir de la escuela, la Pere Tarrés acoge a niños y adolescentes en centros socioeducativos donde se les ayuda a hacer los deberes, juegan y meriendan. También trabaja en colaboración con centros de ocio de parroquias, paradójicamente con poca sintonía con el arzobispado de Barcelona. Dentro de la Iglesia hay muchos mundos.
Pujol Humet, que de joven fue monitor, defiende sin rodeos el proceso de regularización de inmigrantes –"no podemos tener 800.000 personas escondidas y explotadas en la economía sumergida, es una cuestión de dignidad humana"–, lamenta que no se haya aprobado en el Congreso la prórroga del precio de los alquileres –"la vivienda es prioritaria: es el gran factor de desigualdad"– y se muestra crítico con la radicalización del sindicalismo educativo mayoritario y, más en concreto, con el hecho de poner en peligro las colonias escolares.
Hay otro elemento clave para el conjunto de entidades sociales. En la mayoría de los concursos públicos el precio es el factor decisivo y, además, se exige mucha burocracia: este doble corte está ahogando a las pequeñas entidades, ONGs, asociaciones, ateneos, etc. "Acceder a cualquier subvención o ayuda es complicadísimo". Tampoco lo tienen fácil las grandes como la Pere Tarrés, que tienen que competir por la prestación de servicios sociales con monstruos privados como el ACS de Florentino Pérez.
"En el sector social no todo se puede regular por el principio del libre mercado", advierte. La realidad es que muchas entidades, empezando por la propia Pere Tarrés, son conscientes de que pagan salarios demasiado bajos a los trabajadores. Pero tal como están las cosas, mejorar los convenios en muchos casos supondría cerrar. "La paradoja es que tenemos personal que, cuando tienen hijos, se tienen que acoger a las becas públicas de comedor o de colonias". Si el mundo escolar se siente maltratado, ¿cómo deben sentirse los trabajadores sociales o los monitores de ocio –los que llevan los comedores y las extraescolares–? Si los maestros plantean una superhuelga, ¿qué deben hacer quienes atienden a los chicos y chicas fuera del horario escolar, sometidos a unas condiciones mucho peores?
El tercer sector hace tiempo que pide a las administraciones que confíen en la acción social de la sociedad civil. Una acción clave para derrotar a la ultraderecha.