Un operario arreglando un aparato de aire acondicionado.
19/07/2026
Periodista y escritor
3 min

1. Este año, 45.800 alumnos catalanes han hecho la selectividad. Cerca del 96% de estos estudiantes han aprobado el examen para acceder a la universidad. Enhorabuena. Entonces los diarios dedicamos páginas y más páginas a publicar la nota de corte de cada carrera, de cada facultad. El resultado es que 6 de cada 10 jóvenes del país han conseguido plaza en su primera opción universitaria en la asignación de julio. O, lo que es lo mismo, hay un 40% de estudiantes que no podrán hacer, exactamente, la carrera que querían. En un lugar o en otro, todos estos miles de jóvenes ilusionados comienzan un trayecto de cuatro años, como mínimo, que los llevará no se sabe muy bien dónde. ¿Cuántas paredes están llenas de orlas de carreras con las cuales nunca te ganarás la vida?

2. Por otro lado, he mirado en la agenda del móvil qué fontanero encontraba que estuviera dispuesto a hacer unas reparaciones en casa, durante el mes de julio. Tengo unos cuantos, de buenos, que lo han arreglado siempre todo, con la eficacia que se corresponde a una factura que, aunque encuentres cara, acababas pagando a gusto porque han trabajado bien y han solucionado aquello que te preocupaba. Para contactar con los fontaneros, sé lo que hay con cada uno de los que tengo en la lista. Los hay que quieren nota de voz, los hay que prefieren un whatsapp y, en el caso de los que tienen empresa, incluso hay una administrativa que contesta el teléfono con diligencia. Siendo tan amable como puedo, hago la carta a los reyes. Pido que me vengan a colgar un ventilador de techo, le explico que tenemos un wáter que gotea y que hay unas luces, encima de un mueble, que solo se encienden cuando quieren. Me dice que toma nota y que me llamará para ver cuándo pueden venir. Al día siguiente me pregunta si me va bien a mediados de octubre. “¿Perdona? No me van a poner una prótesis de cadera. Solo es un ventilador de techo y un wáter que gotea. Por las luces, ya esperaremos a la otoño”. Ella, sin perder los estribos, me dice si le reservo día y hora para octubre. “No, gracias. Ya me buscaré la vida”. Y aquí empieza el problema. 

3. Todos los fontaneros de mi lista son tan buenos y están tan solicitados que nunca pueden venir de una semana para otra. Ni de un mes para otro. Entonces, buscas anuncios en internet o en la prensa local y acabas llamando a alguien que te dice que sí, que enseguida, que pondrá el ventilador y lo arreglará todo. Cuando llega (ya no haremos caso de que lo esperábamos a las ocho y llega a las diez en punto) te avisa de que él tanto puede hacer de fontanero como de pintor, como de albañil... Y con esta tarjeta de presentación tú piensas “mal”. No oso preguntarle cuál es, exactamente, su oficio. Tampoco me acredita la experiencia, ni tengo agallas de cuestionar nada de un hombre que pone buena voluntad. Que me pida una escalera lo puedo entender. Que me pregunte si tengo unas herramientas concretas, ya cuesta más de tragar. “¿No las trae usted, las herramientas?”. Sí, pero... Siempre le falta la pieza que no tiene y que tiene que ir a buscar a la ferretería de la quinta puñeta. Paciencia, pues. Cuando consigue que el ventilador se aguante en el techo, aquello no hay quien lo haga rodar. La hélice no se mueve ni a la de tres. Yo, subido a la escalera, pruebo de soplar por si las aspas se mueven. Nada que hacer. Al váter ya ni dejo que se acerque y adiós muy buenas.

4. Se están perdiendo los oficios mientras crecen los impostores que se atreven a intentar hacer cualquier cosa para ganarse la vida. Veo fontaneros desesperados porque no encuentran ayudantes a la altura. Los ebanistas me dicen que les cuesta Dios y ayuda contratar carpinteros que sepan. A los jardineros les cuesta encontrar quién sepa cuánta agua necesita cada planta. La Formación Profesional es la gran menospreciada de nuestro sistema educativo. Con un buen oficio, tendrás trabajo, futuro y, quizás, más estabilidad que un licenciado de la facultad de vete a saber qué en vete a saber dónde.

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