La normalidad en el estado español pasa por la hegemonía de la derecha ultranacionalista, se diga PP, se diga Vox o se diga una magistratura y unos poderes del estado entregados a la causa del sostenella y no enmendalla, el vivan las caenas y toda esta rica tradición. Si la respuesta es España, entonces ¿cuál es la pregunta?Los proyectos políticos que pueden poner en cuestión la hegemonía de la España negra, monolítica y autofágica (véase los pulpos, que se comen a sí mismos; véase el Goya de Saturno devorando a un hijo) requieren siempre mayorías difíciles de mantener debido a su propia composición interna. El independentismo catalán, para tener alguna fuerza, necesita hacer ir juntas todas las diferentes formas de independentismo democrático: centroderecha, centroizquierda, anticapitalista, etc. Y aún así, añadir otras fuerzas soberanistas y catalanistas. Lo que tuvo de interesante el Procés fueron principalmente dos cosas: por un lado, el hecho de surgir de abajo hacia arriba, a partir de la manifestación del 10 de julio de 2010. Por otro, haber conseguido esta suma de fuerzas procedentes de culturas políticas tan diferentes, unidas en el objetivo común de un referéndum de autodeterminación. Como no se consiguió se cayó en una moral de derrota que comportó ceder a todas las tentaciones autodestructivas, y ahora a la más autodestructiva de todas, que es incorporar a la ecuación un falso independentismo de extrema derecha. Pero eso ya es otra historia.En cuanto a la gobernanza de España, evitar el poder laminador de las derechas (“frenar la extrema derecha”, como se suele decir, y también la derecha que dice que no es tan extrema pero llega a acuerdos de gobierno con extrema facilidad, y ya me perdonarán el juego de palabras) es seguramente todavía más difícil. Pasa necesariamente por poner de acuerdo las izquierdas españolas con los mal llamados nacionalismos catalán y vasco (quien es verdaderamente nacionalista, y con todas las herramientas a su alcance, es el estado español), y todavía con otras “periferias” como Galicia, el País Valenciano, las Baleares, etc. Las “izquierdas españolas”, evidentemente incluyen el PSOE y el cajón de sastre que se suele simplificar con la expresión “a la izquierda del PSOE”. Los elementos que chirrían aquí son muchos, pero el más determinante es la tirria histórica, y mutua, entre el catalanismo y las izquierdas españolas. En los últimos años ha habido dos intentos de superar esta tirria: Sumar (ahora Movimiento Sumar), en horas bajas como se ha visto en su asamblea del pasado fin de semana, y el proyecto de Rufián, del cual no se puede decir nada en concreto porque de momento ni siquiera ha arrancado. De manera que todo queda, de momento, en el ámbito de las hipótesis, las desconfianzas y las rencillas (históricas). Curiosamente, la derecha y la extrema derecha españolas no tienen tantos problemas para identificar a sus adversarios, ni para presentarlos como enemigos a abatir, deshumanizándolos si es preciso. En efecto: son todos estos que no se ponen nunca de acuerdo entre ellos.