El presidente electo estadounidense, Donald Trump sale del avión de Trump a su llegada a Indianápolis
01/03/2026
Periodista y escritor
3 min

1. Quería el premio Nobel de la Paz y creó el departamento de Guerra. Era una contradicción que no sólo debía darnos pistas sobre las intenciones del hombre más poderoso del mundo sino, también, sobre las grietas de su capacidad intelectual. Cuando en septiembre cambió el nombre del ministerio de Defensa ya intuimos que Donald Trump pasaría al ataque. Y no se ha puesto por poco. En enero, las fuerzas militares de Estados Unidos entraron en Venezuela, capturaron al presidente Nicolás Maduro y su esposa y los trasladaron a una cárcel de Estados Unidos. En febrero, el raid de las tropas estadounidenses, con alianza con Israel, mató al líder supremo de Irán, Ali Jamenei. Entre la operación Resolución Absoluta de Venezuela y la operación Furia Épica de Irán, los fallecidos se cuentan a cientos. Por el momento. Las consecuencias del ataque a Teherán son imposibles de predecir. Según el Financial Times, esta decisión de Trump es "la más fatídica de su presidencia".

2. Quizá el mundo sea mejor sin Maduro, un dictador blanqueado por los pucherazos en las urnas, y aún será mucho mejor sin el régimen de los ayatolás, fundamentalistas islámicos y patrocinadores de grupos armados de la zona, como Hezbolá o Hamás. Quizás sí que Venezuela tenderá, poco a poco, hacia unos estándares democráticos más homologables, y la ciudadanía de Irán podrá aprovechar la ocasión para hacer la revolución que empezaba a asomarse. Pero las dos acciones bélicas de este 2026 son el ejemplo más palpable de que el fin no justifica los medios. Donald Trump ha tirado por el derecho, sin el necesario permiso del Congreso de Estados Unidos y sin el visto bueno de unas Naciones Unidas que, de seguir por este camino de parálisis e inutilidad, pronto podrán convertir sus edificios en un museo arqueológico. Que un hombre inculto, narcisista compulsivo, con vocabulario de niño de 9 años e incontinencia gástrica se erija en salvador mundial, es preocupante. Que lo haga sistemáticamente al margen de la ley, significa cargarse el derecho internacional y la tan necesaria diplomacia.

3. ¿Cuáles son las intenciones de Trump con estos ataques? Por mucho que lo justifique con la amenaza nuclear de Irán o con el narcoterrorismo de Venezuela, en el trasfondo, siempre está el petróleo. Existe, también, la necesidad de recuperar la popularidad en año electoral, dado que en noviembre estaría las mid-term para renovar la Cámara de Representantes y parte del Senado. Trump se juega mucho. Pero estas dos operaciones militares también han llegado cuando la desclasificación de los archivos de Epstein parecían más cerca de enseñar fotografías y documentos que comprometían al presidente de Estados Unidos. Una investigación de The Guardian relata que podrían aparecer resúmenes de entrevistas del FBI en las que una mujer afirmaba haber sido abusada por Trump, cuando ella era menor de edad, con la complicidad de Epstein. En este contexto, se cuelga la medalla de haber liquidado a Ali Jamenei, "una de las personas más malvadas de la historia". Busca el aplauso mundial y la redención de su pasado. Pero el contador de los delitos nunca debería volver a cero. No hay suficiente humo para la cortina de sus furores menos épicos.

4. A todo esto, no podemos dejar de lado la persecución enfermiza de los inmigrantes, ni la locura mundial de los aranceles, ni el control de los medios de comunicación, ahora que la CNN y la CBS ya han quedado atrapadas en su tela de araña de propaganda. Con este panorama, Robert De Niro ha tildado a Trump "de idiota", ha dicho que está destruyendo a Estados Unidos y ha dado la solución: "Tenemos que deshacernos, hay que hacerle marchar de la oficina, porque él no se marchará". Pero... ¿Quién tiene un Trump para liberarnos de Trump?

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