Partido entre el Sant Andreu y la Europa el 28 de enero de este año en el estadio Narcís Sala.
29/04/2026
Periodista
2 min

Hace diez días escribimos aquí un titular muy llamativo: “Collboni, pon el césped”, que era el clamor unánime de la afición del Sant Andreu, recién ascendido. Pues bien, que el artículo de hoy funcione como un “¡Recibido!”: el Ayuntamiento de Barcelona pondrá césped natural en el Narcís Sala y en el Nou Sardenya, que es el campo donde juega el Europa.

Lo que parecían obstáculos insalvables (técnicos, administrativos, legales, deportivos, de proyecto de ciudad, para los clubs en categorías inferiores...) han acabado siendo vencidos. Probablemente, el hecho de poder dar satisfacción a los dos clubs a la vez, sin margen para los agravios comparativos entre rivales, debe haber ayudado a desatar el problema desde la política. Y con las elecciones municipales a un año vista no tenía ningún sentido cometer errores no forzados, en los que la oposición empezaba a sacar tajada. Así pues, aunque, por lo que se ha visto, la discusión podría haber acabado antes, todo va bien si acaba bien.

Que el césped natural es más caro de mantener y excluye a los equipos infantiles y juveniles de los entrenamientos en casa es un hecho. Pero si los clubs no tienen más remedio que obedecer la normativa federativa, había que preguntarse si el sentido social de la medida justificaba el gasto. Y la realidad es que ya hace años que estamos asistiendo a una revitalización de la identidad de dos distritos donde todavía queda gente que dice “voy a Barcelona”. Y ya se sabe que la identidad futbolística es ruidosa y contagiosa, que engancha gente joven y gente recién llegada. Por la puerta del Sant Andreu y del Europa (no son los únicos clubs, ni el deporte es el único vehículo, pero ahora mismo son dos instrumentos muy potentes), Barcelona se ha recordado a sí misma que tiene una personalidad profunda y auténtica, y que es mucho más que una capital global.

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