Mazón y las sanguijuelas

Carlos Mazón en las Fiestas de Agosto de Bétera, en Camp de Túria
31/08/2025
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El viernes hizo diez meses de la DANA en la Comunidad Valenciana; pasado este tiempo, no sólo Carlos Mazón es todavía el presidente de la Generalitat Valenciana, sino que no hemos llegado ni siquiera a ver la factura de la comida de El Ventorro, de triste memoria.

A cambio, sí que hemos sabido ahora (vía una publicación de Compromís, que había obtenido los datos del portal de Transparencia de la Generalitat Valenciana) que el presidente Mazón y dos de sus consellers han gastado más de 22.000 euros en dietas en los primeros seis meses de este año. No es una cantidad menor, ni comían a cualquier lado: los tres gobernantes, por lo visto, tienen tirada en los restaurantes con estrellas Michelin, o en todo caso, de la franja más alta de precios (853 euros por una comida de tres personas, por ejemplo). Tampoco los dos comensales que han acompañado a Mazón en este medio año de comidas de categoría son cualesquiera. Se trata de José Antonio Rovira, consejero de Educación y Cultura y amigo coral de Mazón, conocido principalmente por su cruzada contra la escuela pública, contra la lengua catalana (o el valenciano, como queráis decir) y contra la Academia Valenciana de la Lengua, una obsesión que le ha llevado a cometer excesos, atropellos y. El otro es el coronel retirado Gan Pampols, vicepresidente para la Reconstrucción tras la DANA, un cargo que Mazón creó en un día inspirado y que se puede traducir como un tipo de confianza encargado de vigilar de cerca cómo se reparte el pastel de los fondos para la reconstrucción, nada menos que 29.000 millones de euros. mayoría de veces) a empresas afines al PP o implicadas en casos de corrupción y/o financiación irregular del PP. Al fin y al cabo, Mazón no deja de ser un zaplanista dispuesto a seguir la línea histórica de la casa, basada en el ladronico, hurto, robo y triquiñuela a costa del erario público.

Las actuales circunstancias obligan a posicionarse dentro de un ámbito político terriblemente polarizado, en el que Mazón, sin embargo, tampoco tiene problema para encontrar acomodo. La receta es hostigar a los enemigos (feministas, ecologistas, movimientos sociales, inmigración; por encima de todos, la lengua catalana), promover la xenofobia, la crispación y la fractura social, ya la vez presentarse como la voz de la moderación y el diálogo. Por otra parte, Mazón ya ha logrado, también, uno de los objetivos principales de su mandato: un puesto en el Consell Jurídic Consultiu, es decir, dos años más con un sueldo de 75.000 euros al año, lo que conseguía si resistía al cargo de presidente hasta julio pasado. Hace sólo seis, siete meses, todo el mundo (empezando por el PP) lo tenía por un cadáver político. Vox le resucitó aprobándole los presupuestos, a cambio de imponerle toda su agenda: políticas antiinmigración, negacionismo climático y combate a ultranza contra el valenciano y la escuela pública. Las protestas ciudadanas (el viernes hubo la decena) y el recuerdo de las 228 víctimas se aguantan todavía ante las sanguijuelas del bien común.

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