El inicio de la Guerra Civil en Cataluña no se puede entender sin Shakespeare. El británico ya estaba allí hacía tiempo. En el siglo XIX la manera de hacerlo superpop, mainstream, cool era transformar sus obras en parodias lobotomizadas, adaptaciones con catalán de caserío, tijeretazos del árbol original, o injertos textuales de mentes lisérgicas. Así a un público muy amplio le entraba en vena divertida (tranquilos amigos-enemigos de Christopher Nolan-la Odisea, todo está hecho, ya). Pero la comedia es tragedia más tiempo. Y la sombra de Shakespeare-Hamlet convirtió a Cataluña en un escenario con una programación completa de dudas calamitosas en 1936-1939.
El 19 de julio del levantamiento en Barcelona hay mil momentos de vacilaciones. En la zona de expansión nuclear de plaza Universidad brota la metralla de interrogantes. El joven periodista Manuel Cruells estaba allí. Vemos: “Don Dencàs estaba discutiendo con un oficial de la Guardia Civil. Nos acercamos. Dencàs quería coger una ametralladora, el oficial le daba un fusil. Dencàs le enseñaba su carnet de diputado del Parlament catalán, el oficial con toda corrección y simpatía, se mantuvo y denegó la ametralladora. Dencàs se resignó, y cogió el fusil y como los demás se puso a disparar, parapetado, contra el Hotel Colón”. Hay la duda entre una ametralladora y un fusil. Entre la ideología de Dencàs y el guardia civil, pero no la duda de qué se debe hacer y contra quién se debe disparar. Pim-pam.
Josep Dencàs, exconsejero de Sanidad, de Gobernación, diputado, promotor de los escamots de las Joventuts d’Esquerra Republicana-Estat Català. Hombre de los Hechos de Octubre de 1934. Exiliado, detenido, encarcelado. Y, sobre todo, posetiquetado como fascista… catalán. Así, ¿qué hacía un supuesto fascista luchando desde el primer segundo contra el levantamiento real fascista? ¿Qué hacía al lado de un Guardia Civil español dudando solo por el arma, no por el enemigo? ¿Qué hacía Dencàs con decenas de jóvenes de Estat Català (partido que lideraba), disparando contra el fascismo? ¿Qué hacían todos aquellos independentistas, guardias civiles, guardias de asalto, mossos… Sin ellos no se hubiera frenado la revuelta en Barcelona. La mitología anarquista es una cosa, la realidad otra. Por eso aquellos días murieron 43 independentistas de Estat Català luchando contra el fascismo. Todos lo vieron. Y como dijo el joven escritor Joan Sales en 1936: “¿Qué sacamos de haber vencido a los bárbaros si nos dejamos vencer por la barbarie?” Y así fue. Y así continúa.
Josep Maria Murià Rouret, nacido en el exilio, e hijo de Josep Maria Murià Romaní (militante de Estat Català, soldado en el Ebro y muerto en el exilio mexicano), escribe en el prólogo del Diccionario biográfico de Estat Català: “Hay que recordar que los militantes de Estat Català gozaron del privilegio de ser los más odiados y perseguidos no solo por el franquismo, sino incluso por los «demócratas» republicanos y «progresistas» españoles”, como aquellos con quienes los catalanes compartieron el exilio mexicano y, supongo, también el de otros lugares. Lo cual demuestra que el anticatalanismo no es exclusivo de las derechas españolas: así lo sostenía Joan Fuster cuando insistía en que el nacionalismo español no es una construcción de la derecha, sino "una construcción española”. Comedia es tragedia más tiempo. Tragedia es comedia más tiempo. En estas obras redondas estamos atrapados. Los actores reales atrapados en el eterno 1936-1939. Y Shakespeare no sabe si reír o llorar.