Ha bastado con que Toni Clapés dijera "creo que este será el último año que presentaré y dirigiré el Versió RAC1" y un coro nacional de viudos y viudas de tarde se ha rasgado las vestiduras y, entre grandes alaridos, ha comenzado a hacer el duelo por adelantado. Normal: estamos hablando de historia de la radio y de un programa que ha conseguido hablar de lo que habla todo el mundo pero de una manera que no habla nadie, con una libertad que ha ido creciendo a medida que ha ido madurando la personalidad de su creador.
Este martes, fiel a su personalidad libre y temperamental, Clapés ha matizado que nos tenemos que quedar con el “creo”, pero ya no evitará que la duda inquiete a cientos de miles de personas. Hace décadas que la audiencia encuentra en el director del programa y sus muñecos unas horas que se nota que están escrupulosamente pensadas para la gente, donde personajes de mentira dicen muchas verdades y donde los oyentes se pueden resguardar de tanta solemnidad mediocre como circula por la vida.
Dice Clapés que este año, cuando volvió, pensó “ya tengo suficiente”. Aquí es donde su reflexión cobraba verosimilitud. Hay decisiones que llegan cuando vuelves del descanso de unas vacaciones y notas que la rutina ha dejado de ser tu patrón. Hay días que te levantas y lo ves todo clarísimo. O al revés, y en medio del ruido del atasco de tráfico de cada día te notas lleno de seguridad para atreverte a cruzar la puerta de salida. En el caso de Clapés, y después de cerca de 30 años de programa, la posibilidad de equivocarse al dejarlo es nula. Eso sí, tanto él como los oyentes se tendrán que enfrentar a una dimensión desconocida.