La admiradora de Agatha Christie que riñó a Feijóo por el 'todo es ETA'
La presidenta de la comisión de la dana del Congreso, Carmen Martínez, reprochó al líder del PP utilizar el comodín de ETA
ValenciaCuando el lunes la presidenta de la comisión de la dana del Congreso, Carmen Martínez (Quart de Poblet, 1962), riñó al líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, para intentar sortear las preguntas del diputado de Bildu, Oskar Matute, con el comodín de ETA, muchos ciudadanos se sorprendieron de la solvencia de la política socialista. Su serenidad no llamó tanto la atención en la Comunidad Valenciana donde la dirigente progresista es conocida por atesorar una trayectoria extensa que incluye 24 años de alcaldesa de su localidad natal –situada junto a la ciudad de Valencia–, ocho de diputada provincial –incluyendo otros cuatro de portavoz de la misma, de otras cuatro de representante autonómico.
La entrada en la política profesional en 1999, supuso para Martínez dejar atrás una carrera de médico de familia. La vocación sanitaria fue vencida por un compromiso político de raíces familiares. Su abuelo, militante de las Juventudes Republicanas, fue represaliado durante la dictadura y cada semana debía presentarse en el cuartel de la Guardia Civil para ser vigilado y escarnecido.
Hija de un carpintero y de una secretaria de dirección –trabajo que su progenitora abandonó al convertirse en madre–, a la herencia familiar la diputada socialista sumó sus primeras experiencias. Entre ellas, los veranos de adolescente en la pequeña localidad de montaña de Siete Aguas, "los mejores recuerdos", destaca Martínez, que mantiene un fuerte vínculo con el municipio como demuestra el hecho de que participó en la fundación de su Gran Fondo Internacional, una prueba atlética que este año llegará a su 45 edición.
Cuando la política le deja un momento libre, la dirigente progresista le dedica a ir al cine ya leer. Entre sus novelas preferidas se encuentran las de intriga y misterio. Admira a los autores nórdicos actuales, pero, por encima de todo, sitúa la obra de Agatha Christie, de la que se reconoce admiradora. Quizás la autora británica le ayude a descubrir algún gato escondido de la política.