Catalunya y las magdalenas de Proust

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Papeletas de las candidaturas electorales en unas elecciones recientes.

MadridEste domingo, 12 de mayo, tiene que ser especial. La costumbre de fijar una fecha para los cambios de ciclo hace que tengamos que recurrir al calendario para identificar el momento preciso en el que las cosas dejaron de ser como eran. Y después de estas elecciones autonómicas deberíamos notar que la foto fija de los últimos años se ha movido. Una vez más deberíamos desear que fuera posible echar atrás la máquina del tiempo para recuperar lo que hemos malgastado. Seguramente Marcel Proust ni imaginaba la influencia que su experiencia sensorial con una magdalena tendría en la cultura contemporánea. Pero, con magdalenas o sin ellas, Catalunya necesita recuperar el tiempo perdido. El mal uso de energías por enfrentamientos estériles debería quedar atrás, y servir como lección para evitar cometer los mismos o similares errores en los próximos años. La historia de un pueblo no la hace un solo hombre, ni siquiera en los sistemas dictatoriales. Por lo tanto, la cuestión no es sencillamente quién gane las elecciones de este domingo, porque pueda formar gobierno o porque sea el más votado. La clave es la administración que se haga del resultado electoral y que el sentido de la responsabilidad pase por delante de las necesidades de protagonismo.

Se quiso que el Procés fuera una obra colectiva y se puso en marcha mucha gente confiada en un futuro que no ha llegado. Incluso los hombres y mujeres más partidarios de culminar un camino de construcción nacional que lleve a la independencia de Catalunya saben, deben saber, que la hoja de ruta seguida no era acertada, aunque solo sea porque obviamente no ha conseguido sus objetivos. Mantener la perseverancia en la cuadratura del círculo no indica inteligencia, sino un carácter obtuso, un rasgo de la personalidad que nunca ha sido aconsejable para las tareas de liderazgo. Cambiar de conducta no significa olvidar ideas, propósitos o convicciones. Adaptarse al terreno es siempre la opción más sensata si no quiere perseverarse en el fracaso. La Catalunya "rica i plena" de la letra de Els segadors está lejos de conseguirse. El pasado mes de febrero se publicaban datos estadísticos según los cuales la tasa de riesgo de pobreza o exclusión social es del 24,4% de la población catalana. ¿Apostar por la inestabilidad política aumentará el bienestar?

Que conste que el ejercicio de propaganda que pone en marcha una campaña electoral no tiene límites, y que todo el mundo participa de las exageraciones y los disparates. Pedro Sánchez –que ya habrá acabado de leer las Meditaciones de Marco Aurelio y quizás incluso los ensayos de Montaigne para su próximo retiro espiritual– decía en uno de sus últimos actos que “con un presidente socialista en la Moncloa y otro presidente socialista en el Palau de la Generalitat de Catalunya, Catalunya y el resto de España serán imparables”. Si no aspiramos a tanto, hombre. Yo, que me he tragado decenas de mítines siguiendo campañas electorales por toda España durante un montón de años, sigo sin explicarme por qué políticos de todo tipo creen que el recurso oratorio más agradecido es el pleonasmo. Me pregunto por qué ese tipo de ejercicio para convencidos, y por qué no se habla a la gente con datos y argumentos. Pero bueno, esto era una digresión, pensada para sostener que en ningún caso hablo de comulgar con ruedas de molino. Hablo de todo lo contrario, de ser exigentes con nuestros políticos y hacerles ver que estamos cansados de promesas incumplidas y juegos de manos.

Lo que hay que hacer el próximo lunes es dejarse de demagogias y populismos y poner manos a la obra. Si las encuestas son acertadas, PSC y ERC tendrán de qué hablar. Y los comuns, probablemente. No soy demasiado partidario de los tripartitos. Como en otros aspectos de la vida, en política se ha constatado que tres son multitud. Sé que el diálogo del que hablo no será fácil. ERC ha sufrido en los últimos meses, y sigue sufriendo. Lo de dialogar y negociar ahora resulta que está mal visto. Hay quien cree que saca más resultados porque hace más o menos lo mismo pero desde fuera de España. Siete votos pueden hacer milagros, no lo niego, pero pensar que se podrá seguir tensando la cuerda indefinidamente es ingenuo. Hacer política es algo más que pretender vivir de ir colgando muñecos de papel en la espalda del adversario. Si Junts puede sumar con ERC –lo que no parece fácil– tendrá que decidir de una vez si quiere jugar fuerte, y no para seguir aplicando tortura china al gobierno de coalición del PSOE y Sumar, sino para intentar sacarle partido presionando sin perseguir imposibles ni "inviables". Habría que intentar ir a cosechar fruta a un árbol que está obligado a proporcionarla. Me refiero a la financiación autonómica.

Las magdalenas, para el amigo Marcel Proust. La fuente a la que se debe llevar el cántaro es la de la revisión del modelo de reparto de recursos. Sé que me diréis que el PP intentará impedirlo y boicotearlo todo. Será su tentación, por supuesto. Pero sus autonomías –y son 11, aparte de Ceuta y Melilla– necesitan también mejorar su posición. Felipe González solía decir que todo modelo de financiación al final tiene que sumar cien. Sí, sí, pero quien negocia desde el gobierno tiene margen de actuación, sobre todo si tiene mayoría parlamentaria, aunque sea precaria. Lo que no puede esperar Pedro Sánchez es que desde Catalunya se le proporcione estabilidad solo por responsabilidad pura y dura. En el terreno de la política, las responsabilidades son compartidas, y de forma muy obvia cuando las urnas no dan mayorías suficientes. González, Aznar y Rajoy fumaron puros con deleite cuando contaron con mayoría absoluta, en 1982 y 1986 en el primer caso, en el 2000 en el segundo y en el 2011 en el tercero. Pero mientras no la tuvieron, o después de perderla, les costaba encender los puros y se atragantaban con el humo.

Todo esto para decir que las oportunidades estarán ahí. Catalunya tiene que jugar fuerte, pero sin dejar de tener los pies en el suelo. Para hacer demagogia ya hemos tenido la campaña. Illa tendrá que demostrar que no es un mandado, el PSOE que quiere y sabe negociar, y los independentistas ganarse el pan y la sal mientras esperan la amnistía. También pueden seguir sirviendo al país a base de peleas, mientras llegan las europeas, como el PP, esperando el día que puedan ver a Sánchez arrastrándose por el suelo. O mejor, por el fango.

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