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Feijóo bendice a Alejandro Fernández con cuatro años de retraso

El líder popular podría ser el presidente más longevo del partido, y superaría la era Sánchez-Camacho

El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, junto a Alejandro Fernández, Daniel Sirera y Alma Ezcurra este martes en Barcelona
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BarcelonaEn un partido político de un país democrático se convocan votaciones limpias para los órganos de gobierno con una periodicidad que suele ser de cuatro años. En el PP catalán, sin embargo, una prórroga de cuatro años ha permitido acumular a Alejandro Fernández dos mandatos en uno: fue elegido en 2018 en Sitges, pero el partido no convocó el congreso previsto para 2022. Con cuatro años de retraso y a pesar de los múltiples desafíos y choques públicos con la dirección estatal de Alberto Núñez Feijóo, ha conseguido sobrevivir y este sábado será reelegido en el decimosexto congreso de la formación, en una entronización dirigida por Feijóo en el barcelonés Hotel Grand Marina.

Así, Fernández podrá superar con creces el reinado de Alícia Sánchez-Camacho en el partido, que con sus nueve años de presidenta había sido la dirigente con más años en el cargo –la actual líder acumula casi ocho, al cabo de un año ya la superaría y podría llegar a los doce si no hay ningún cambio–. Ahora bien, su incidencia política es mínima en Cataluña —no condiciona la acción de gobierno— a diferencia de la que tuvo Camacho en el primer gobierno de Artur Mas o el también expresidente popular Alberto Fernández Díaz en el último tramo de Jordi Pujol.

¿Cómo llega internamente el partido al congreso de este sábado? El principal pulso de los últimos días ha sido por la secretaría general para relevar a Santi Rodríguez. Ha habido vaivenes: la opción preferida por Alejandro Fernández era que el actual portavoz parlamentario fuera su número dos y que Lorena Roldán lo sustituyera como portavoz en la cámara catalana. En los últimos días, sin embargo, surgió un escenario alternativo ante las resistencias a que Roldán fuera la cara visible de los populares en el Parlament: que el actual teniente de alcalde de Castelldefels, David Solé, fuera el secretario general. De esta manera, Juan Fernández continuaría de portavoz. El veredicto se conocerá este mismo sábado.

De la inestabilidad máxima a la calma

En verano de 2023 Alejandro Fernández declaró la guerra sin cuartel al líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, y rechazó cualquier contacto o reunión con Junts –también cualquier aproximación o tentativa regionalista–. En ese momento la dirección estatal lo tenía sentenciado como líder del PP catalán, y contaba las horas para un relevo que se fue aplazando para evitar la batalla campal en un congreso. La pugna continuó, pero en marzo de 2024 sorprendentemente Feijóo desestimó a otros políticos que había sondeado, no le cortó la cabeza y lo presentó de candidato a los comicios catalanes. En abril del año pasado Fernández dio un paso más allá en un libro contundente contra la dirección estatal en el que retomaba la guerra pidiendo autonomía –la suya– al PP catalán y reprochando la posición de Madrid históricamente. Todavía en 2025 plantó cara en el congreso del PP español para vetar los pactos con Junts, aunque acabó cediendo con un redactado genérico por los valores constitucionales.

En cualquier caso, en los últimos meses, sin embargo, ha conseguido ablandar las relaciones con la dirección estatal, con un contacto fluido con el secretario general, Miguel Tellado, y entre esto, los buenos resultados de 2024 y que no hay nadie que quiera disputarle el trono, Fernández ha conseguido el premio de la prórroga democrática como presidente del partido.

Una dirección con exceso de bajas

"Duros y moderados acabamos viviendo los mismos problemas y el mismo destino: la defenestración política". Esto es lo que denunciaba Fernández de la dirección estatal actual y de todas las anteriores en su libro A calzón quitao, que sorprendió al equipo de Feijóo. "La dirección nacional lo impone todo", lamentaba. Él, sin embargo, se convirtió en presidente autonómico en noviembre de 2018 con la bendición de Pablo Casado. Su ejecutiva, sin embargo, sufrió cambios a medida que pasaron los meses. De la dirección nombrada en 2018 solo quedó Juan Milián. Maritxu Hervás quedó fuera tres años después, el secretario general Daniel Serrano también quedó fuera por una imputación por agresión sexual –que quedó en nada–, Albert Fernández Saltiveri fue destituido por una imputación por maltratos a su pareja y dirigente del PP –tampoco fue condenado–; y Àngels Esteller quedó fuera, como Marisa Xandri y Manu Reyes. Antonio Gallego, que era secretario de organización, se fue a Vox.

Tras el batacazo en las elecciones catalanas de 2021, con el mínimo histórico de tres diputados, entró Santi Rodríguez como secretario general para poner orden –y para relevar a Serrano–. Llanos de Luna se incorporó a la dirección, junto a la líder en el Ayuntamiento de Sant Feliu de Llobregat Elisabet Ortega, el ausente Isaac Martín Salvá, y Marcos Sánchez, que dimitió tras ser pillado por el escándalo de facturas personales de 61.000 euros como gastos a cargo del partido en su cargo de concejal, que también acabó dejando. Rodríguez ya fue secretario en el año convulso de Xavier García Albiol de presidente de 2017 a 2018.

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