La legislatura catalana

El juego de la gallina acaba en empate

Salvador Illa recibe a Oriol Junqueras en el Palau de la Generalitat en una imagen de archivo.
18/03/2026
Jefe de Política
2 min

BarcelonaJohn von Neumann no era especialmente amante de los faroles –los engaños– en partidas de póquer, pero el padre de la Teoría de Juegos reconocía de su utilidad para mantener siempre en vilo cualquier negociación de suma cero. Claro que también advertía que se debía saber jugarlos. Para empezar, el éxito de cualquier farol pasa por que el otro interlocutor –el estudio de Von Neumann se centraba básicamente en negociaciones a dos bandas– lo pueda considerar verosímil. Y aquí es precisamente donde ha fallado la estrategia negociadora entre ERC y el PSC por los presupuestos del 2026. Salvador Illa fijó una fecha límite en el calendario, el 20 de marzo, para que los republicanos dejaran de arrastrar los pies iniciando un juego de la gallina –otro concepto de la Teoría de Juegos, que explica que las dos partes avanzan hacia el precipicio sin querer ser las primeras en ceder– que ha acabado en empate. El PSC y ERC se han dado más tiempo porque era la única opción para que no perdiera nadie.

La tesis del president de la Generalitat partía del supuesto de que a ERC le interesaba dar estabilidad al Govern porque, si no la hay, tiene mucho que perder: se han puesto en marcha varias peticiones republicanas, como el traspaso de Rodalies, el nuevo pacto de financiación y, también, la aplicación de la amnistía. Si Oriol Junqueras mantenía la enmienda a la totalidad a los presupuestos, ¿qué habría pasado a partir del día 20? El farol de Illa básicamente consistía en subrayar todas las inversiones y nuevos proyectos que se perderían e incluso en destacar la dificultad para continuar pagando los incrementos de sueldo de los funcionarios. El impacto sobre ERC, consciente de que con las ampliaciones de crédito se podían salvar la mayoría de las cosas en riesgo y que probablemente no sufriría desgaste ni externo ni interno –los militantes de ERC están divididos sobre el apoyo al PSC–, no ha sido importante. Como tampoco ha sido creíble la amenaza de elecciones anticipadas, que Illa ha acabado parando, pero a las cuales los negociadores socialistas habían abierto la puerta durante las negociaciones con los republicanos.

ERC también ha ido de farol. Probablemente tenía menos que perder que el Govern, que habría recibido un golpe duro en caso de derrota parlamentaria, pero los republicanos decidieron forzar la máquina ligando el traspaso del IRPF a los presupuestos, a pesar de que no tengan ninguna relación directa. La posición de fuerza de los de Junqueras habría sido mantener su apuesta hasta el final, votar en contra de las cuentas de Illa y dejar claro que sin un compromiso explícito del gobierno español con el IRPF, Catalunya no tendrá presupuestos. Pero este miércoles, el IRPF ya ha dejado de ser una línea roja –seguirá siendo “muy importante”, según Junqueras– y los republicanos ya no se cierran a negociar las cuentas con el Govern y ni siquiera a estudiar un nuevo ofrecimiento en cuanto al IRPF.

La pequeña victoria de Esquerra es que no han sido ellos los que han dejado caer la enmienda sino el Govern quien ha retirado los presupuestos. Y eso tendrá efectos de cara al futuro porque, una vez descubiertos, los faroles ya no son efectivos.

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