Seguridad

El reto de los Mossos: gestionar dos manifestaciones que se odian

La policía catalana se prepara para una época de polarización, acentuada por el periodo electoral

Los Mossos desplegados ante los manifestantes antifascistas en el Fossar de les Moreres.
20/09/2026 - 13:01 h.
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BarcelonaEl Cecor es un centro de coordinación lleno de pantallas desde donde los jefes de un operativo de los Mossos d'Esquadra siguen su evolución. Y lo que se montó para la previa de la Diada no fue fácil. En el Fossar de les Moreres había un acto convocado por Aliança Catalana y a esa misma hora la izquierda independentista convocó contraprotestas en la zona para intentar evitar que la extrema derecha independentista llegara a celebrar el encuentro. Varios cordones de orden público de los Mossos cerraron los accesos al Fossar y en diversos momentos los manifestantes antifascistas intentaron superarlos. Sería demasiado atrevido, afirman fuentes policiales, decir que realmente estuvieron a punto de superar este cordón, pero sí que hubo momentos de tensión y la línea policial tuvo que dar algún paso atrás. La pregunta que se hacen diversas fuentes es qué habría pasado si las dos protestas se hubieran llegado a encontrar. La respuesta más repetida es que habría habido enfrentamientos entre manifestantes.

Los Mossos han percibido un aumento de la polarización a raíz de la aparición de nuevos movimientos sociales vinculados a la extrema derecha, como Aliança y Vox, o a la ultraderecha, como la manifestación de Núcleo Nacional por la Diada. Lo vinculan a una tendencia europea, prácticamente mundial, acentuada por la proximidad de una etapa con diversas elecciones a la vista y más recientemente por situaciones como las vividas en Ceuta. Por eso, el hecho de que haya movilizaciones por parte de estos colectivos y contramanifestaciones o intentos de boicot por parte de ideologías antagónicas es un fenómeno central, prioritario para la policía, afirman fuentes del cuerpo, después de unos años con las calles más calmadas.

Los Mossos también están muy encima de las carpas e iniciativas locales que hacen estos partidos para evitar enfrentamientos con grupos más reducidos que intentan boicotearlos. De momento, no han detectado que estos grupos antagónicos se citen por las redes sociales para enfrentarse y pelearse, una dinámica habitual entre los movimientos ultras deportivos.

Dos ideologías

El punto de partida, afirman fuentes conocedoras de estos movimientos sociales, es que los movimientos antifascistas tienen a menudo como objetivo no dar voz y "no dejar pasar" a la extrema derecha. Aquí se ha de sumar el hecho de que estos movimientos también se consideran —al menos en algunos sectores— antisistema y, por tanto, antiautoritarios, hecho que complica su relación con la policía a pesar de los canales de mediación que hay abiertos. La actitud de la ultraderecha es completamente diferente: fuentes policiales explican que son autoritarios y a menudo respetan la presencia policial y facilitan su intervención. Lo demuestra un elemento: la extrema derecha y la ultraderecha prácticamente siempre comunican las manifestaciones que hacen. En cambio, los movimientos antifascistas no lo hacen prácticamente nunca.

Según afirman los Mossos, el marco legal establece que ninguna manifestación necesita una autorización previa de la administración, pero sí que existe la obligación de realizar una comunicación previa. El hecho de no comunicar una manifestación no la convierte en ilegal (el derecho fundamental a manifestarse pacíficamente continúa existiendo), pero tiene consecuencias administrativas y se pueden enfrentar a multas.

Con todo, que unos comuniquen y los otros no —aunque los Mossos acaban sabiendo por otros canales dónde se manifestarán— provoca que no siempre se puedan dimensionar correctamente los agentes que se destinarán a una protesta y, a la vez, que la policía tenga que proteger el derecho a la manifestación de los que la han comunicado sin atentar contra el derecho de los que no quieren que estén ahí. Esto, sumado al hecho de que en Cataluña, según explican fuentes policiales, pocas veces es la extrema derecha la que intenta boicotear a la izquierda, provoca que la imagen sea la de la policía protegiendo a unos e impidiendo el paso —en algunos momentos con cargas y golpes de porra— a los otros. Fuentes policiales admiten que a menudo esta fotografía es "inevitable", ya que la máxima es que las dos protestas no se pueden tocar. El resultado es que después del Fossar, Sílvia Orriols agradeció la labor a los Mossos y la CUP habló de "trato de favor".

Vías alternativas

También hay voces policiales, sin embargo, que apuestan por intentar frenar protestas y actos desde la administración, no permitiéndolas una vez se comunican amparándose en el hecho, por ejemplo, de que seguramente se cometerán delitos de odio con las proclamas que se harán —sobre todo con colectivos como Núcleo Nacional—. Se trata de un melón, sin embargo, que de momento no se ha abierto con la ultraderecha.

Desde los Mossos insisten en que siempre se priorizan las medidas preventivas como la mediación y que "el uso de la fuerza no es una finalidad del dispositivo, sino un recurso que solo se utiliza cuando resulta necesario". Y aquí juega un papel central la línea policial que, por ejemplo, evitaba que los manifestantes antifascistas accedieran al Fossar: "La línea no es meramente simbólica. Si existen presiones sostenidas o intentos de superarla, los efectivos deben recuperar y mantener el espacio de seguridad necesario", afirman desde el cuerpo. En estos momentos, los Mossos también intentan diferenciar a los grupos violentos que están escondidos dentro de la "masa de gente" y aislarlos.

Con todo, desde la policía catalana apuntan que casi la totalidad de las manifestaciones que han tenido lugar en Barcelona durante el año 2025 han acabado sin el uso de la fuerza: la intervención policial no llega al 2% del total de las protestas.

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