Déjame decirte

Sánchez ante la gran decisión

Pedro Sánchez, durante la presentación, este lunes, del balance de año de su gobierno
03/01/2026
4 min

MadridEl año que ahora comienza no será uno más de la legislatura. Entramos en una etapa decisiva para el PSOE y para la solidez del sistema. Durante 2025 los socialistas han sufrido un fuerte desgaste. Consciente de ello, el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, deberá resolver si se presentará en las próximas elecciones generales, cualquiera que sea la fecha en que se celebren. Ésta será, sin duda, una decisión estrictamente personal, con una gran repercusión en el panorama político. En todo caso, Sánchez no será derribado por un movimiento interno del partido, que por ahora controla sin especiales dificultades. Sin embargo, cada vez habrá más voces que le pidan una reflexión sobre lo que conviene hacer para garantizar el futuro de la organización. Los habrá que lo explicitarán de manera pública, pero lo que crecerá en términos significativos será el número de dirigentes que lo plantearán en privado, al oído, para que corra la voz entre las estructuras del partido y lo que ahora es una hipótesis vaya tomando forma.

Así funcionan los efectos de la radiación política. El PSOE aún no ha entrado en pánico, pero tiene el miedo en el cuerpo. Lo demuestran muchos datos, en especial los efectos de su bajón en Extremadura. Todo lo que han hecho los socialistas en relación a estas elecciones podría formar parte de un manual para perdedores. Y lo peor es que sólo ha sido el principio. Las expectativas del PSOE para las próximas autonómicas en Aragón, Castilla y León y Andalucía no ayudan a mejorar el panorama.

De momento, durante estas fiestas prácticamente no ha habido paréntesis de actividades para las fuerzas políticas. Todo el mundo ha estado al acecho, intentando mantener las respectivas posiciones en las líneas del frente. Ahora hemos podido comprender mejor por qué la comparecencia del presidente del gobierno para hacer balance del año –seguida de la copa de Navidad en la Moncloa– tuvo lugar el 15 de diciembre y no en la última semana del mes, como era habitual. Había que anticiparse al resultado electoral extremeño para evitar que el examen de la acción del ejecutivo quedara relegado por el análisis del veredicto de las urnas. En aquella ocasión Sánchez volvió a explicitar su decisión de agotar la legislatura y, por tanto, de no convocar elecciones hasta el 2027, convencido de que su gobierno "resulta rentable" a la ciudadanía. Y también subrayó la voluntad del gobierno de impulsar una agenda social consistente durante el tiempo que falta por llegar al final del actual mandato. Seis días más tarde de ese balance anual, el único consuelo con el que el PSOE pudo acoger el resultado extremeño fue la constatación de que María Guardiola no había logrado el objetivo del PP de garantizar una junta autonómica sin la necesidad de pactar con Vox.

La esperanza de los socialistas sigue siendo que lo que acuerden los populares con la extrema derecha movilice el voto progresista, ahora muy decepcionado por los casos de corrupción y por la inactividad inicial del PSOE ante las denuncias de mujeres víctimas de agresiones sexuales. Esta táctica funcionó en el 2023. Pero difícilmente compensará ahora el fuerte desgaste del gobierno. Recientemente se ha vuelto a hablar mucho en Madrid de las características y beneficios de la Transición. Desde la casa real se ha puesto mucho el acento en este factor, con comparecencias de Felipe VI, sobre todo la del discurso de la víspera de Navidad. Deberían escucharse más las voces que reclaman un cambio de actitudes en el escenario político. Pero será difícil que España pueda sustraerse de la actual tendencia de aumento de las expectativas de voto de la extrema derecha.

Para el PP el crecimiento de Vox es una dificultad objetiva y una pesadilla continua. Feijóo no ha logrado despegarse de Abascal, que le hace una crítica casi tan radical como la que dirige a Sánchez. Sin embargo, donde tengan que pactar lo harán, para iniciar un nuevo ciclo político en el que tendrá especial importancia el voto de los jóvenes. Y no son pocos los que piensan apoyar las candidaturas de la extrema derecha, como voto de castigo, decepcionados en este caso por los problemas que les impiden iniciar o consolidar un proyecto de vida, como el acceso a una vivienda digna y las dificultades para encontrar un trabajo con garantías de estabilidad y un salario justo, a la altura de la inflación, que no se acaba de controlar.

Elecciones en Andalucía

Pedro Sánchez aún confía en la posibilidad de darle la vuelta a la tortilla. Pero no le ayudarán los resultados electorales. El momento culminante será el de las elecciones en Andalucía, que pondrá fin al ciclo de citas autonómicas de este primer semestre. El PSOE puede alimentar la idea de que el presidente andaluz, Juanma Moreno, no conservará la mayoría absoluta, castigado especialmente por el caso de los cribados de cáncer de mama. Sin embargo, este escenario no mejoraría su situación. No es previsible que los socialistas incrementen votos ni responsabilidades en ninguna de las comunidades donde se votará en los próximos meses. Como dice el propio gobierno, su punto fuerte tendrá que ser su programa social.

Pero las expectativas siguen siendo que no se aprobarán los presupuestos del 2026, aunque lleguen a presentarse. Del mismo modo, cuesta mucho imaginar que la vicepresidenta primera, María Jesús Montero, logre un éxito con la propuesta de un nuevo sistema de financiación autonómica. Tampoco hay muchos motivos para pensar que antes de salir del gobierno para encabezar las listas en Andalucía Montero podrá dejar resuelta la promesa de un modelo singular para Catalunya.

El panorama para los socialistas no es mucho mejor en cuanto al calendario judicial. Feijóo pone mucho el acento, con razón, pese a que también tiene sus quebraderos de cabeza por la peligrosa relación con Carlos Mazón. El líder del PP aseguró que el expresidente valenciano le tuvo informado "en tiempo real" sobre los efectos de la dana durante las trágicas horas del 29 de octubre del 2024. La juez que lleva el caso quiere comprobarlo. La indecisión de los 'populares', que deberían haber forzado mucho antes la dimisión de Mazón, les pesará en el futuro inmediato. Pero el horizonte judicial del gobierno es mil veces más complicado. El presidente del gobierno tendrá que tenerlo muy en cuenta si realmente inicia una reflexión a fondo sobre el final de la legislatura y sobre su candidatura en las próximas elecciones generales.

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