Las urnas juzgarán la tragedia de Urda
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MadridDespués del nuevo accidente ferroviario en la línea del AVE Madrid-Andalucía –y no nos olvidemos de Gelida– ha habido en general –con excepciones lamentables– unos días de prudencia por respeto a los muertos y para centrar las energías en la asistencia a las víctimas y sus familias. Pero es muy evidente que las repercusiones de todo tipo de esta tragedia serán muy fuertes. También en el espacio político y con respecto a la cita electoral del 29-N. Acababa de producirse el choque de trenes y un asesor del gobierno ya me decía: "Esto lo cambia todo, se debe volver al minuto cero de la precampaña electoral, hay que repensar qué se debe hacer con más perspectiva, cuando conozcamos causas y efectos de lo que ha pasado". Quizás la mejor definición me la dio un amigo cuando me dijo que "lo que ha pasado hace enfadar mucho, hace enfadar mucho porque es inasumible". Y añadía: "No puede ser que yo con mi móvil pueda localizar cualquier cosa y una central de control ferroviario no pueda hacer lo mismo con un tren".
Sin entrar a fondo en las cuestiones técnicas, es lógico que todo el mundo se santigüe de cómo ha podido ocurrir un accidente tan grave, y más nueve meses después del que tuvo lugar en Adamuz, seguido del de Gelida –en total, ya más de 110 muertos– y de otros no tan graves, pero que también han tenido incidencia en el mantenimiento de las comunicaciones. Por ejemplo, el del 12 de octubre en la localidad aragonesa de Ricla, donde un AVE con destino a Figueras se incendió parcialmente, hecho que provocó el desalojo de 238 pasajeros y la afectación de esta línea durante los días siguientes. Con razón se ha hablado del 2024 como el año negro del transporte ferroviario. Pese a todas estas circunstancias, la gestión de las explicaciones ha sido en los primeros días poco convincente, en especial porque todo se ha centrado en un supuesto error humano, que probablemente existió y fue grave, pero que no agota ni de lejos todas las responsabilidades.
Entre la montaña de declaraciones de estos días, destacaría las que han hecho algunos de los técnicos de la central de control de la estación de Atocha, en Madrid. La descripción de sus condiciones de trabajo es muy preocupante para ellos mismos, pero sobre todo por el riesgo que supone para los viajeros de los trenes AVE. Se hace extraño cómo es que los sindicatos no han encontrado la manera de denunciar y solucionar esta situación. El director del programa Mediodía en RNE, Carlos Núñez, hablaba el jueves pasado de un accidente "multicausal", y para explicarlo entrevistó a Laura Higuera, presentada como "mando intermedio del centro de regulación de Atocha".
Lo que dijo esta técnica es que ella y sus colegas se sentían "abandonados" por el ministro de Transportes, Óscar Puente, y le reprochaba que, desde sus primeras declaraciones sobre el accidente, se hubiera "limitado a señalar con el dedo, de una manera descarada, un posible factor humano, un compañero, cuando donde se debería poner el foco es en los sistemas de seguridad, que son los que verdaderamente fallan, como estamos viendo". Se refería, obviamente, a la parada de los trenes por una caída informática, causa inicial del accidente. Tampoco se pudo evitar la tragedia porque nadie del citado centro avisó al AVE que se dirigía a Sevilla de la existencia del tren Iryo parado cerca de la localidad de Urda. Este otro tren no había conseguido ponerse en marcha cuando desde Atocha se le ordenó que arrancara.
El primero de estos trenes recorrió unos 25 kilómetros antes del choque. Pasaron 17 minutos. Y nadie avisó al AVE de la situación del Iryo. Óscar Puente –que no piensa dimitir y comparecerá el martes ante la Diputación Permanente del Congreso– lo consideró "inexplicable". Esta cuestión será obviamente objeto de las investigaciones, también de la judicial. Pero esta no fue la única causa del accidente. De la misma manera que en relación con la catástrofe de Adamuz había antecedentes de las denuncias por las deficiencias en el mantenimiento de las vías, en este caso también los había sobre el sistema de seguridad LZB, el que quedó sin servicio por el previo problema informático. Fue esta caída lo que provocó la parada inicial de los trenes. Ahora se discutirá mucho sobre la eficacia del sistema LZB. No obstante, el 5 de octubre el director ejecutivo de Iryo en España, Fabrizio Favara, decía en el Senado que la incidencia más reportada por sus maquinistas a Adif eran las interrupciones del sistema mencionado. En derecho penal se subraya a menudo que "la causa de la causa es la causa del mal causado", de modo que, siendo grave, el supuesto error del técnico del control central que no avisó al maquinista del AVE no será, previsiblemente, el único aspecto investigado por este accidente.
Efectos electorales
En el ámbito político, la pregunta es qué efectos tendrá esta tragedia, sumada a otros factores, en la campaña y el resultado electoral. Para Pedro Sánchez y el PSOE, es de aquello "más difícil todavía", porque nada compensa ni equilibra sentimientos de dolor por la desaparición de decenas de personas. Particularmente, me ha entristecido mucho la muerte de Fátima Báñez, exministra de Trabajo y Seguridad Social. Le tocó una etapa bien difícil, a partir del 2011, con un país que todavía sufría los efectos de la gran crisis de los años previos, con un fuerte índice de paro, que fue bajando sensiblemente, después de una reforma laboral criticada por los sindicatos. Fátima Báñez lo afrontó siempre todo ello con afán dialogante y respeto por las posiciones de los demás. Ojalá estas dos características fueran habituales en las relaciones políticas.
Lo que habíamos visto hasta ahora en la precampaña electoral no iba por ese camino. Lamentable el papel de Vox aprovechando el accidente ferroviario para no parar ni un día en señal de duelo. No se podrá decir lo mismo de Feijóo y el PP en este caso. Las declaraciones del líder popular han querido ser institucionales, pero claras en la obvia crítica implícita al gobierno. Por su parte, Sánchez ha prometido transparencia y llegar hasta el fondo en las investigaciones. Óscar Puente se juega, a causa del accidente, más que su cargo actual. Por otra parte, las dimisiones o ceses no siempre saldan las responsabilidades políticas. En este caso las urnas tendrán la última palabra y la decisión más importante.