En un 30% de los pisos de la Derecha del Eixample no viven vecinos
Barcelona debate si blinda el uso de los pisos como vivienda habitual para combatir la escasez de domicilios efectivos
BarcelonaDe todos los barrios de Barcelona, la Derecha del Eixample es uno de los que más ha sufrido el impacto que la globalización y el auge de plataformas como Airbnb han tenido sobre la vivienda. Hace tiempo, la asociación de vecinos denunció que entre hoteles, pensiones, albergues y pisos turísticos, un 40,7% de las camas del barrio son para turistas. Ahora, en el marco de los trabajos para regular que el uso prioritario de las viviendas en toda la ciudad sea el de residencia habitual, el Ayuntamiento aporta más datos que ayudan a radiografiar el estado del parque de vivienda: apunta a que en un 30% de los pisos del Eixample no viven vecinos.
El dato está extraído de la memoria que acompaña a la propuesta de modificación del Plan General Metropolitano (PGM) para establecer que el uso habitual y permanente de la vivienda es el "prioritario" en la ciudad y que está por encima del uso temporal. El documento, al que ha tenido acceso el ARA, incluye un análisis de la situación de la vivienda en la capital catalana, y entre los aspectos que trata, está el porcentaje de los pisos que tiene la ciudad son utilizados como vivienda de uso habitual. O, por decirlo de otra forma, en cuántos de los pisos que hay en Barcelona viven vecinos que tienen la ciudad como base estable y que, en consecuencia, hacen comunidad.
Para ello, el informe cruza los datos del catastro y los del censo. El resultado es el gráfico que acompaña a este texto y donde se puede ver barrio por barrio el porcentaje de viviendas que tienen un uso habitual. La fotografía es del año 2024, pero a simple vista se puede observar cómo, más allá de los extremos, las manchas más claras están en el centro de la ciudad. Así, mientras que en la suma global de Barcelona los domicilios con vecinos son un 81,2%, en los barrios centrales este porcentaje es notablemente inferior: Gòtic (63%); Derecha del Eixample (70%); San Pedro, Santa Catalina y la Ribera (71%); la Villa de Gracia (73%), y la Antigua Izquierda del Eixample (76%). En el caso de barrios más periféricos con porcentajes más bajos, como Vallvidrera o la Marina del Prat Vermell, hay que tener en cuenta que o son zonas en desarrollo o con mucha menos vivienda.
Si bien el porcentaje de viviendas de uso habitual es inferior al Gòtic, el dato de la Derecha del Eixample es especialmente relevante porque se trata de uno de los barrios más poblados de la ciudad y, en comparación, hay mucha más vivienda. Pero, ¿dónde va a parar ese 30% de los pisos de la Derecha del Eixample que no son domicilios habituales? A grandes rasgos, existen tres categorías: pisos turísticos o de alquiler de temporada; segundas residencias de extranjeros que sólo pasan pocos meses en la ciudad, y, por último, negocios –por ejemplo notarías, peluquerías o despachos de abogados0 que ocupan pisos calificados de viviendas habitualmente en entresuelos y primeras plantas.
El impacto de los pisos turísticos en este ámbito es claro. En el momento de la fotografía, la Derecha del Eixample es el cuarto barrio de la ciudad con más viviendas (29.001), pero el séptimo en cuanto al número de domicilios habituales (18.967). Es también el que presenta una mayor proporción (9,15%) de pisos turísticos sobre el total de domicilios. Y esto contando sólo los legales. El presidente de la asociación de vecinos, Jaume Artigues, subraya en conversación con el ARA que esta proporción ha ido a más desde el 2024 debido al goteo de nuevos pisos turísticos que han aprovechado la brecha legal que obligó al Ayuntamiento a validar licencias que se habían pedido durante la suspensión judicial del PEUAT.
Por eso, desde el gobierno municipal siempre se ha defendido que la supresión de los 10.000 pisos turísticos que aproximadamente hay en la ciudad, a partir de 2028 debe contribuir decisivamente a ampliar el parque de vivienda disponible para residencia habitual. Sin embargo, sobre todo a raíz de la ley de vivienda y el tope del alquiler, últimamente en Barcelona se ha multiplicado otra modalidad de uso de los pisos: el alquiler de temporada. El informe recoge un estudio que realizó el Observatorio Metropolitano de la Vivienda de Barcelona y que, tal y como explicó el AHORA, apuntaba que ya en junio de 2023 en barrios como la Barceloneta este tipo de oferta suponía el 40% de los anuncios de alquiler de todo el barrio. En la Derecha del Eixample, el peso de este tipo de oferta sobre las ofertas de alquiler era del 22%. Una realidad que ha ido a más desde entonces.
De ahí que, cuando hace ya un año el gobierno municipal y los comunes pactaron modificar el PGM, se pusiera el foco al limitar el alquiler de temporada especificando el tipo de actividades económicas que se pueden realizar en las viviendas de la ciudad. Entonces todavía no estaba vigente la ley que el Parlament apenas aprobó hace un mes, y ésta podía ser la vía de Barcelona para restringir la oferta. Con la ley catalana ya aprobada –aunque recurrida al Tribunal Constitucional–, la normativa municipal es complementaria y permite incidir en el mercado de la vivienda desde otro punto de vista.
Mientras la ley hace hincapié en disuadir el alquiler de temporada limitando el lucro, la modificación del PGM permite partir del otro extremo. Es decir, no centrarse en fijar un máximo de un tipo de oferta concreta, sino en establecer un mínimo imprescindible de vivienda de uso habitual en cada barrio. Un paraguas legal que abre un abanico de posibilidades –también desde el punto de vista de la fiscalidad– y que debe ayudar a reducir al mismo tiempo el alquiler de temporada y la compra de pisos por parte de personas que no deben vivir regularmente. Cuenta a su favor la sentencia del Tribunal Constitucional (TC) sobre el decreto que permite eliminar los pisos turísticos y que defiende el derecho de las administraciones a limitar por el interés general los usos que la propiedad puede hacer de un derecho constitucional como la vivienda.
El gerente de la Cámara de la Propiedad Urbana de Barcelona, Òscar Gorgues, expone sus recelos ante este tipo de regulación. "En esta ciudad a veces utilizamos paraguas aunque no llueva", ironiza, y pone como ejemplo la voluntad de prohibir los pisos turísticos. En este sentido, da la vuelta a la cuestión y pide calcular cuál es la necesidad real de este tipo de vivienda temporal o turística que tiene la ciudad y no puede suprimir. "Estamos frente a una ciudad que es cosmopolita, que necesita tener un parque adecuado para gente que necesita residir temporalmente", sostiene, y añade que también hay barceloneses que acuden a otros puntos de Europa para residir temporalmente.
Todo ello, sin embargo, deberá aterrizarse más adelante. La priorización en el PGM del uso habitual de la vivienda por delante de otras fórmulas -enmarcadas bajo el concepto "usos asimilados"- es sólo el primer paso de la normativa. A partir de aquí habrá que aterrizarla a través de un plan especial o una ordenanza específica que determine cuándo y cómo se utiliza esta regulación. Esto es, en qué zonas concretas, con qué porcentaje y con qué excepciones. Será aquí donde el Ayuntamiento tendrá que hilar fino para evitar recursos e impugnaciones como las que ya vivió con el PEUAT.
Picapela Comunes-ERC
De momento, sin embargo, la modificación del PGM ahora mismo está en el aire. El pasado martes, la Comisión de Urbanismo del Ayuntamiento se posicionó mayoritariamente en contra de la medida en su aprobación provisional. ¿El motivo? El rifirrafe que desde hace semanas arrastran a Comuns e Esquerra al consistorio. Los republicanos, que han sido uno de los principales defensores de la necesidad de regular el alquiler de temporada, votaron en contra del plan pactado entre el PSC y Comuns alegando que no es necesario ahora que ya se ha aprobado la ley del Parlament.
Sin embargo, detrás del posicionamiento de los concejales de ERC está el malestar con Barcelona en Comú por haber tumbado en el pleno de diciembre su acuerdo con el PSC para crear una comisión de estudio contra la compra especulativa de pisos y que debía presidir la líder de los republicanos en el Ayuntamiento, Elisenda Alamany. Su creación ya había tenido que retirarse in extremis del orden del día del pleno de noviembre porque carecía de suficientes apoyos garantizados.
De hecho, el grupo que lidera Alamany está dispuesto a cambiar el sentido de su voto en el pleno siempre que los comunes voten también a favor de la creación de su comisión, y así lo ha trasladado tanto a los comunes como al Govern. Pese a que en un primer momento pareciera que sería así, según ha podido saber el ARA, finalmente Barcelona en Comú ha preferido por ahora no llevar al pleno de este viernes la reforma del MPGM, que seguirá en el cajón, como mínimo, hasta el plenario de febrero.
Para más adelante queda otro debate que también lleva tiempo sobre la mesa del Ayuntamiento: el de los negocios que están en viviendas, mayoritariamente en entresuelos y primeras plantas. Aunque no son el objetivo de esta reforma, forman parte del porcentaje de pisos sin que viva gente. El informe no aporta datos de cuál es el peso que esta casuística tiene en, por ejemplo, el 30% de los pisos sin vecinos de la Derecha del Eixample. Hasta ahora, la apuesta del gobierno municipal no es regular este tipo de oferta, sino que prefiere buscar fórmulas para incentivar –cuando sea posible– el traslado de estos negocios desde las plantas superiores a locales vacíos a pie de calle.