Sociedad 10/12/2020

"Una vez fuera recibíamos 'whatsapps' en los que nos decían: «Sacadnos de aquí, nos estamos quemando»"

Varios testigos relatan lo que pasó después de declararse el incendio en la nave de Badalona

Cesc Maideu
5 min
L’ampli desplegament dels Bombers aquest dimecres a la nit a Badalona

BadalonaEl incendio de la nave ocupada de Badalona que se produjo ayer al atardecer ha dejado, de momento, tres personas muertas, dos con heridas críticas, cuatro graves y 16 leves. Las llamas se extendieron con mucha rapidez y el humo complicó la evacuación del edificio. El ARA ha conseguido hablar con algunos testigos que estaban dentro de la nave en el momento del incendio o que fueron a ayudarlos cuando supieron lo que estaba pasando.

En Tamba, aquest matí

"Tuve que saltar desde el segundo piso"

Tamba Camara, de 42 años, estaba en su habitación, en la segunda planta. Explica que ya estaba a punto de dormirse, a pesar de que nunca consigue dormir bien: "No descansas, sabes que en cualquier momento puede pasar algo, ya sea una operación policial o un incendio". De repente notó un fuerte olor a quemado, acompañado, pocos minutos después, por una humareda negra que lo hizo toser y le hizo perder la orientación. "No sabía qué hacer, oía gritos y ya no podía bajar por la escalera porque había llamas", describe. La decisión ante esto fue saltar por la ventana. "Fui el primero en saltar, y tuve suerte de que era un segundo piso y solo me he hecho un poco de daño en la rodilla", explica. Pocos segundos después de chocar con el suelo, a pocos metros suyo caía una persona que se había tirado desde el cuarto piso. "No pude hacer nada, ya estaba muerto. Después, al ver que mucha gente sacaba la cabeza por la ventana, coloqué algunas almohadas y colchones que tiraban para que no se hicieran tanto daño", describe. Finalmente se pudo escapar y hoy ha dormido en casa de un amigo.

Tamba llevaba 5 años viviendo en el edificio ocupado, y hace 15 que se fue de su país de origen, Gambia. Explica que hasta hoy la convivencia en el edificio no ha sido fácil: "Muchas etnias y nacionalidades mezcladas, a veces nos costaba mucho entendernos. Piensa que hemos llegado a ser 180 personas". Todavía ha sido más difícil en tiempo de pandemia, puesto que explica que no podían tomar las precauciones necesarias: "Si alguien es positivo, todos estamos contagiados".

La Cristina va venir a ajudar els seus companys a escapar de les flames

"Me dijeron que se estaba quemando, los tenía que ayudar"

Cristina Stiegler, de 42 años, tiene un piso propio, pero cuatro noches a la semana duerme en el edificio ocupado porque ahí tiene a su pareja. Ayer no era una de las cuatro noches, pero una llamada lo cambió todo: "Me dijeron que el edificio se estaba quemando, los tenía que ir a ayudar". Y así fue, al cabo de pocos minutos Cristina estaba entre humo y llamas ayudando a sacar personas. Solo llegar ya vio a algunas personas saltando desde el cuarto piso, y al entrar en el edificio y subir una planta, a personas quemadas. "Vimos morir a cuatro personas", describe. El animal de compañía del más de un centenar de personas que vivían en el edificio era Black, un perro, al que no pudieron salvar del incendio. Cuando Cristina no pudo ayudar a más gente porque el edificio ya era impracticable y ya habían llegado los bomberos, fue hacia la calle, a un lugar seguro. "Una vez fuera recibíamos whatsapps en los que nos decían: «Sacadnos de aquí, nos estamos quemando»", explica, con mirada impotente, mientras recuerda alguno de los nombres que le mandaron un mensaje.

Al recordarlo se emociona, porque ella ahí era feliz. Podía elegir entre su piso o el edificio ocupado, y muchas veces optaba por el segundo. "Éramos una comunidad de vecinos. Estaba el latero, el carpintero, el más limpio y pulcro, y el que no tenía miramientos en términos de higiene", señala. También lo compartían casi todo: "La comida la traían entidades o personas generosas, yo incluso llevaba para muchos, a veces". Explica que también se peleaban, pero todo el mundo se conocía. Hasta el punto de que ahora, mientras se van reagrupando, Cristina explica preocupada que no tienen localizadas a 17 personas después del incendio.

En Seydou va haver de fugir per les escales des del quart pis

"El fuego empezó en el piso de bajo y subió muy rápido"

Seydou Camara estaba en el cuarto piso cuando empezó el incendio. Ahí es donde duerme desde hace un año y medio, cuando llegó de Senegal. Ahora tiene 25 años. Explica que ayer tuvo mucha suerte, puesto que fue de los pocos que consiguieron huir del incendio desde la cuarta planta. "Empezó en el piso de abajo, y fue subiendo muy rápido", recuerda. Añade que cuando se dio cuenta de que olía a quemado no tuvo tiempo ni de levantarse antes de que una humareda negra lo cubriese y lo dejase casi inconsciente. Fue capaz, sin embargo, de bajar cuatro pisos por las escaleras. "No lo recuerdo muy bien, estaba muy mareado, en shock, y a duras penas conseguí bajar", describe.

Seydou para poder vivir trabaja recogiendo chatarra. Explica que la convivencia con tantas personas no es fácil, pero que no tiene "ninguna otra alternativa". Añade que tampoco se llevan bien con los vecinos, que los miran "con mala cara". "Parece que nos quieran mal, cuando peor no podemos estar", concluye.

La Fatu

"Si no nos hubieran cortado el agua habríamos podido apagar el incendio"

Fatu, de 23 años, se gana un pequeño sueldo haciendo trenzas. "A quien sea y donde sea, en la calle o en el edificio", explica. Comenta que vive con sus hermanos, no de sangre, sino de "vida". Se trata de unos cuantos miembros del edificio ocupado, con quien ya lleva tres años conviviendo. Ella vivió el incendio desde la primera planta y, por suerte, pudo escapar por la puerta principal. Antes, sin embargo, intentó coger la poca agua que había para apagar el fuego. "Si no nos hubieran cortado el agua hace casi dos años habríamos podido apagar el incendio", apunta. Ahora para conseguir agua tienen que andar 500 metros para llegar a una fuente. Explica que se reparten por varias fuentes porque si fueran los 150 a una no acabarían nunca. Hoy Fatu todavía no sabe dónde dormirá.

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