Oleada de calor

El cambio climático se venga de la industria de la aviación

Las temperaturas récord en el Reino Unido provocan el cierre del aeropuerto de Luton y convierten el transporte ferroviario en un infierno

3 min
Un policía da agua esta mañana uno de los guardianes de Buckingham Palace

LondresCalor para derretirse. La frase, a veces una metáfora, prácticamente no lo es en este caso. Porque, literalmente, el pavimento de la pista del aeropuerto de Luton se ha fundido, o ha quedado muy malogrado por el calor. Tanto, que los vuelos se han tenido que suspender a lo largo de la tarde. A toda la cola de problemas a los que la industria aérea está haciendo frente este verano se ha añadido este, derivado del cambio climático. Parece una venganza. Como también todas las afectaciones que ha sufrido el transporte ferroviario.

El tópico de los ingleses y la conversación sobre el tiempo tiene hoy, 18 de julio del 2022, más sentido que nunca. "Todo el mundo habla pero nadie hace nada", dicen que decía Mark Twain al abordar la cuestión. Y Oscar Wilde, otro clásico de las citas a las que todo el mundo se agarra como a un clavo ardiendo, aseguraba que hablar del tiempo es el último refugio de los faltos de imaginación. ¿Nada más acertado? Al menos hoy no hay que tener nada de imaginación para creer que Hyde Park y el Big Bien están mucho más cerca del desierto del Sáhara que ayer. Pero no tan cerca como lo estarán mañana, cuando el día todavía será más tórrido y los récords se batirán con más determinación. Solo hay que dar un vistazo a los termómetros, a las condiciones ambientales y a los mapas de la Met Office, la agencia de meteorología mañana: las islas aparecen en rojo e Inglaterra especialmente más roja.

Cambio climático, oleada de calor, un verano excepcional... pueden decirlo como quieran. Los británicos hace días que hablan más de lo que es habitual, que ya es bastante, a medida que los diferentes servicios meteorológicos les han advertido de los peligros del infierno que se acercaba desde el sur del continente, y que dominará toda la región prácticamente hasta bien entrada la madrugada del miércoles, cuando la excepcionalidad dará paso a la normalidad.

El puente del Milenio, en el centro de Londres, este 18 de julio del 2022.

A primera hora de esta tarde, la temperatura más alta de las islas ya era de 38,1 grados centígrados: se registraba en Santon Downham, en Suffolk, en el este de Inglaterra (145 kilómetros al nordeste de Londres). En el aeropuerto de Heathrow el termómetro marcaba tres décimas por encima de los 36 grados –los mismos grados que en Luton cuando se han saltado los plomos, por decirlo de alguna manera– y en el centro de Londres, en St. James Park, 36,2.

De acuerdo con las previsiones, que han convertido estos días anuncios de la apocalipsis, mañana martes, entre las 15.00 y las 18.00, en algunos puntos del país el termómetro quizás subirá hasta los 43 grados, muy por encima del récord registrado hasta ahora en las islas, de 38,7 grados, que se registró en Cambridge en 2019.

Ni siquiera se acercó el verano de 1976, que todo el mundo de cierta edad en el Reino Unido recuerda vivamente porque fue acompañado de una extrema sequía por la falta de lluvias en el otoño y primavera anteriores –hasta el punto de que el gobierno laborista nombró un secretario de estado para la sequía con la única misión de que los británicos ahorraran agua–. Las temperaturas superaron entonces los 35 grados. Si este martes se llega a los temidos 43, en medio siglo la situación habrá superado cualquier expectativa.

Un momento de la salida de los soldados de gala de la Horse Guard, en Whitehall, el 18 de julio del 2022.

Que Londres es una ciudad muy mal preparada para los embates del calor es bien sabido por los londinenses, especialmente los habituales del transporte público, del metro pero también del autobús, donde el aire acondicionado parece solo un lujo reservado para ciudades mediterráneas. Es una más de las deficiencias de una red en la que convive la línea más antigua del mundo, la Bakerloo, con la más moderna, Elizabeth, que sí que tiene aire acondicionado. Hoy, y se prevé que mañana también, el número de usuarios ha caído un 10%. Las autoridades han recomendado el teletrabajo y quien más quien menos se lo ha tomado al pie de la letra.

No lo han podido hacer, sin embargo, los guardias del Palacio de Buckingham, los soldados de gala de la Horse Guard y los turistas, siempre desafiantes. Hace calor, y hará más, pero no por eso unos dejarán de lucir el bearskin –el sombrero de piel de oso, de 45 centímetros de alto y 650 gramos–, otros las botas de montar y sus uniformes de gala, y los terceros sus improvisadas armas para resistir una especie de travesía del desierto.

stats