Crónica

La parroquia catalana del Papa cree en lo imposible y reza en filipino

Miles de fieles recorren la iglesia de Barcelona que visitará el pontífice

La parroquia de San Agustín, en la celebración de Santa Rita.
22/05/2026
4 min

BarcelonaLa parroquia catalana que visitará el Papa cree en lo imposible, reza por curaciones y pide deseos. Este viernes miles de personas han pasado por la parroquia de Sant Agustí de Barcelona para celebrar Santa Rita. Es una fiesta muy vinculada a esta orden, que es la del Papa, y muy arraigada en Cataluña. Venían de todas partes, con rosas para ofrendar y rezar. La misa en catalán del mediodía estaba llena a rebosar, con la gente de pie por los laterales y al fondo, en una parroquia que normalmente reza sobre todo en filipino y que también representa la Iglesia misionera.

"La misma gente cada año", dice Fèlix, florista que espera la compra de los fieles delante de la iglesia, en una plaza llena de puestos como el suyo. Fina y Emili vienen de Terrassa para ofrendar a Santa Rita. Ella no ve mucho, no va a misa habitualmente, pero es devota de Santa Rita desde 2017 en un momento delicado por su operación de pulmón. De Premià de Mar vienen Mari Carmen, Lolita, María Ángeles y Jordi, feligreses con la devoción encomendada por María Ángeles, de 94 años, que era devota antes de su estado de salud delicado. Pero también hay Ritas: Rita la madre, la hija y ya lo era la abuela en una familia en la que también está la hermana y los hijos de la segunda Rita, muy pequeños, uno de ellos en brazos del padre. Son de Molins de Rei y la Rita de más edad sí que va a misa dominical, a diferencia del resto.

La plaza de Sant Agustí llena de puestos para vender rosas por la festividad de Santa Rita.

"Una de las fiestas más populares", según mossèn Antoni Nello, de una santa de quien la leyenda dice que en pleno invierno se le cumplió el deseo de oler rosas. La patrona de los imposibles hace que la gente entregue rosas bendecidas justo acabarse la misa. La misa en castellano de la una sí que la oficia un obispo, auxiliar, como Javier Vilanova, con mucha menos asistencia.

"Somos filipinos"

Julián Alcántara controla, con un chaleco fluorescente, la entrada de personas por la puerta principal de la iglesia. "Hay mucha devoción a Santa Rita en Filipinas", sostiene este hombre de 91 años, filipino y el mayor y más reconocido de su comunidad. Y con media sonrisa, entre la emoción por la visita del pontífice, bromea ante el estricto control de seguridad previsto: "Estoy muy contento de que venga el Papa, me subiré a un árbol para verlo". Él reza "cada día a Santa Rita" y ayuda a la comunidad, que tiene dos sacerdotes de su nacionalidad, Dennis y Michael –que colaboran hoy en las misas, que son diez–, bajo la regencia de la órden de los agustinos encabezada por el padre Faustin Mlelwa, el rector que conoció personalmente León XIV en un viaje a Tanzania. Este es el país de origen del fraile del Raval. El Faustin, atareado, tiene ocasión de fotografiar la iglesia cuando no oficia él, ya que es la misa en catalá.

"Es donde hay más filipinos", dice Fredi, que es boliviano y hoy reparte estampitas y velas en la parroquia. Hace más de una década que está aquí, donde descubrió el fervor por Santa Rita. Está al lado de Gloria, filipina. "Tenemos mucho fervor religioso", apunta sobre su país, aunque esta voluntaria llegada al país en 2005 no sabe mucho de castellano, y nada de catalá, pero sí de inglés. "Es la parroquia de los filipinos", añade Julián, que chapurrea el castellano.

El está siempre en la parroquia y explica que ya ha sido golpeado y apuñalado en dos ocasiones que lo han enviado al hospital, la última hace poco más de dos años –después de haber reñido a un hombre que comía dentro–. Llegó al país en 1984, tenía una tienda de electrodomésticos junto a Via Laietana, y pasa el día en la iglesia con sus compatriotas, mientras que su mujer ahora está en Filipinas con dos hijas comunes. A Julián le encanta explicar historias de su vida, como que tuvo que aguantar corazones japoneses en época de guerra.

Comunidad

Ramón Vázquez, jubilado, es un barcelonés voluntario de la parroquia para hacer trámites de todo tipo en la comunidad: la regularización, las pensiones y las ayudas, las nóminas o el padrón. Se acercó allí después de una relación con una filipina y hoy cuenta que deben haber entrado entre 5.000 y 6.000 personas –la parroquia llena acoge a un millar– y comenta que la visita del Papa ha cambiado algunas cosas, como que las diversas capillas han sido pintadas y se ha quitado una red que había en el techo porque caía pintura.

La parroquia de Sant Agustí en la celebración de Santa Rita.

La parroquia personal filipina se fundó hace treinta años, aunque hace 40 que la comunidad ya era fuerte. En cambio, la iglesia convencional queda nutrida de inmigración, según Vázquez, de América Latina. Cada domingo hay una misa en honor al patrón de un país. Por Santa Rita, sin embargo, vienen catalanes de todas partes.

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