Perder cinco centímetros de altura mientras no te visita el médico: los testimonios de las listas de espera
Pacientes catalanes explican al ARA su experiencia con las largas listas de espera
BarcelonaEn Cataluña hay más de 300.000 personas pendientes de una operación, una prueba o una visita al especialista que están incluidos en una lista que supera el tiempo de espera que marca la ley. Pacientes que hace años que esperan para entrar a quirófano o que tienen que reprogramar visitas al especialista para repetir pruebas diagnósticas que ya no son vigentes en el momento de la consulta. Mientras la atención urgente que no se puede demorar se mantiene en los plazos que marca por ley el departamento de Salud, las visitas y las pruebas centradas en la prevención y la mejora de la calidad de vida acumulan cada vez más pacientes fuera de plazo.
"Soy sanitaria y estoy muy decepcionada con el sistema"
María Bosom es médica de familia y, a veces, entre consulta y consulta, tiene que hacer estiramientos por culpa del dolor que padece. Después de un gran sobreesfuerzo para dar respuesta a la pandemia del coronavirus, que impactó de lleno en la salud física y emocional de los profesionales sanitarios de todo el mundo, en 2022 sufrió una crisis epiléptica y en una contracción muy fuerte se le aplastó una vértebra dorsal. Como se había caído, le hicieron radiografías de la columna lumbar y del brazo, pero no le detectaron la lesión real. A raíz de la caída, estuvo medio año de baja, pero el dolor continuó, a veces incluso tenía que dormir en el sofá porque le era imposible hacerlo en la cama. Finalmente, acabó reincorporándose al trabajo sin que desapareciera el dolor. Más tarde, gracias a una prueba que le hicieron por una infección respiratoria, le detectaron la lesión en la columna.
Entonces, María comenzó un periplo por diferentes centros sanitarios, saltando de consulta en consulta, sin ninguna solución a su problema de salud hasta hoy. Primero la visitó la reumatóloga, que la derivó al traumatólogo. Tuvo que esperar un mes para la primera visita y cuando finalmente la atendió le pidió una resonancia magnética para determinar el grado de la lesión y especificar el tratamiento. La prueba, sin embargo, tardó seis meses; durante aquel tiempo, continuó trabajando con dolor.
Tuvo que volver a pedir cita con el traumatólogo para valorar los resultados de la prueba y determinar qué tratamiento había que seguir. Entonces, los profesionales que la atendieron desestimaron operarla porque había pasado mucho tiempo desde la lesión –ya era demasiado tarde para pasar por quirófano–, y la derivaron a la unidad de columna del Hospital Vall d’Hebron para un tratamiento más conservador. De nuevo, la primera visita al hospital se demoró durante meses y cuando consiguió que la atendieran le dijeron que la resonancia era antigua y que había que repetirla.
Casi cuatro años después, María tiene la visita por una nueva resonancia este junio y aún no tiene fecha para una nueva visita con el especialista. No sabe qué tratamiento tendrá que hacer ni cuáles serán las consecuencias de una lesión que ya hace casi cuatro años que se hizo. "Yo soy sanitaria y estoy muy decepcionada con el sistema. Era inocente y pensaba que las cosas funcionaban mejor, pero una vez eres paciente te das cuenta de lo mal que funciona todo", lamenta María.
La parte anterior de la vértebra que se lesionó María está muy afectada y eso le ha modificado toda la columna, lo que la ha obligado a forzar cervicales y lumbares para mantener la postura en el día a día. Ha perdido cinco centímetros desde que se lesionó, no puede ponerse recta y tiene dolor constante, aunque continúa trabajando para atender un volumen de población cada vez mayor e intenta evitar situaciones como la que ella padece. También se pregunta qué habría pasado si la hubieran atendido más deprisa y si la habrían podido operar, ya que ha tenido pacientes con lesiones similares que sí han conseguido que los operen a tiempo. "Si en primaria tuviéramos más tiempo para preguntar y explorar, y revisar la historia clínica de los pacientes, nos ahorraríamos pruebas mal pedidas o innecesarias y mejoraría la resolución de una parte importante de las visitas", concluye la médica resignada.
"Cuando me visite el traumatólogo ya no tendré ningún esguince"
Rosa tiene 37 años y prefiere usar un nombre ficticio para explicar su caso. En febrero se hizo un esguince en el tobillo después de una caída que la obligó a estar tres días de baja, pero cuando se reincorporó al trabajo vio que algo fallaba. Trabaja en una tienda, tiene que estar ocho horas de pie, y no podía apoyar el pie. Le hicieron una radiografía, pero no le encontraron nada roto, por lo que continuó trabajando con dolor hasta que un día salió cojeando del trabajo. No podía más. Como no le daban cita para traumatología, pidió una visita a través de su mutua privada y, esa misma semana, ya tenía una resonancia magnética hecha.
Le detectaron fisuras en dos huesos del tobillo que la inhabilitaban para trabajar. En el CAP le alargaron la baja y la derivaron otra vez al traumatólogo. El especialista, sin embargo, le dio cita para junio, cuatro meses después de la primera caída, y en el trabajo le están pidiendo que se reincorpore ya. "He hecho todo lo que ha estado a mi alcance para acelerar mi regreso. Si no llego a tener mutua todavía no sabría qué tengo, habría continuado trabajando y la lesión se me habría podido cronificar", lamenta Rosa. De momento continúa de baja e ironiza que, a este ritmo, cuando la visite el especialista habrá hecho tanto reposo que ya no tendrá ningún esguince: "Seguramente cuando me visite el traumatólogo esto ya estará solucionado".
Quiere aclarar que, a pesar de tener una mutua privada, es una firme defensora del sistema público, pero que para este tipo de intervenciones la espera es demasiado larga. Como Rosa, en Cataluña hay casi 100.000 personas pendientes de una visita al traumatólogo y el tiempo de espera de media es de casi 200 días, el doble de lo que marcan los plazos máximos de salud.
Cuatro años con la nariz rota
Xavi, que tampoco quiere decir su nombre real por miedo a represalias, tiene 26 años y hace casi cuatro años que se rompió la nariz en un partido de fútbol. Un derbi entre dos equipos del Vallés Occidental de Tercera Catalana acabó en pelea y un jugador del equipo rival le dio un puñetazo en la cara. Explica que, como futbolista, tenía una mutua privada y que se fue a hacer una primera prueba para determinar la gravedad de la lesión. Ya con los resultados, optó por operarse la nariz en la red pública. "Necesito una operación maxilofacial de nariz y, entonces, con mi familia decidimos que lo mejor era ir a un hospital público, aunque fuera más lento", recuerda Xavi, años más tarde.
Tiene la nariz torcida y respira peor, pero todavía no sabe cuándo le llamarán para entrar a quirófano. Después de la visita con el especialista, se puso en contacto con el hospital para confirmar que le habían puesto en la lista de espera y le confirmaron que sí, pero que todavía no tenía fecha. No ha sido hasta este 2026 que le contactaron del Hospital Parc Taulí de Sabadell para hacer la operación, con tan mala suerte que el día que debía entrar a quirófano había huelga de médicos y no había anestesistas en el centro para intervenirle. Aunque le reprogramaron rápidamente, él tenía un viaje programado desde hacía meses el mismo día que proponía el centro, y ahora vuelve a estar en la lista de espera y no tiene ninguna previsión de cuándo le llamarán.
"Al principio me molestaba, pero ahora ya hace cuatro años que me veo cada día en el espejo. Me lo tomo con humor porque, si no, es para ponerse muy nervioso en el funcionamiento de todo", explica con ironía el Xavi, que a pesar de las dificultades para respirar asegura que hace vida normal. Eso sí, dice que ya no se peleará nunca más.
Ocho semanas entre la prueba diagnóstica y los resultados
Iñaki Gurruchaga tiene 55 años y arrastra problemas en el tobillo desde 2023, cuando sufrió un accidente de tránsito mientras iba en moto. Un vehículo lo arrolló por detrás en un semáforo y la caída le provocó diversas lesiones: una rotura de ligamento, una lesión anterior y un daño en el cartílago del astrágalo. Estuvo cuatro meses en proceso de rehabilitación hasta recuperarse parcialmente. A finales de 2025, sin embargo, volvió a lesionarse el mismo tobillo en un accidente doméstico. Mientras jugaba con su gata, hizo un mal gesto y el tobillo volvió a fallar. Como no mejoraba, le pidieron una resonancia magnética. En aquel momento iba con muletas a todas partes, incluso al centro de atención primaria donde trabaja.
La prueba se la pudieron adelantar de manera excepcional. Recibió una llamada avisándole de que había un hueco disponible en el Hospital de Sant Pau y que, si llegaba en veinte minutos, le harían la resonancia. Sin embargo, a pesar de la rapidez inicial, el resultado no llegó con la misma celeridad y no tuvo el informe de la resonancia hasta pasadas ocho semanas. Durante este tiempo, no disponía de un diagnóstico definitivo ni de indicaciones claras sobre el tratamiento a seguir. "Una cosa es la realización de la prueba, que puede ser relativamente rápida, y la otra, la interpretación de resultados, que depende de los especialistas. Como faltan radiólogos para asumir el volumen de pruebas que se hacen, se acumulan muchos informes", explica Iñaki, que es médico de familia.
Actualmente, continúa pendiente de los resultados que, en función de lo que indiquen, puede que tengan que derivarlo a rehabilitación, lo que alargaría todavía más el inicio del tratamiento. Esto puede hacer que la lesión empeore, ya que hace vida normal con dolores y sufre por si llega a cronificarse. Por todo ello, pone el foco en la atención primaria y pide que se destinen más recursos a la contratación de profesionales porque se piden pruebas diagnósticas y derivaciones al especialista que el sistema sanitario actual no puede asumir. "Ya podemos hacer pruebas que si después no hay profesionales para mirarlas, no vamos a ninguna parte", se lamenta.
El malestar de no poder dormir por las noches
Jorge Mestre tiene 63 años y ya se ha jubilado. Desde hace meses, se despierta por las noches, tiene la boca seca y le cuesta respirar. Ya le han operado dos veces de los oídos, pero oye un silbido cuando se despierta a altas horas de la madrugada y el pasado julio pidió hora al otorrinolaringólogo para que le evaluara. Aunque dice que no es urgente, quiere estar mejor después de tantas semanas descansando poco. "Hace meses que pedí la visita porque lo paso mal por las noches", insiste el paciente, que todavía no tiene hora para verse con el especialista. En Cataluña hay más de 60.000 personas pendientes de una visita con el otorrinolaringólogo como Jorge, más de la mitad de los cuales están en una lista que supera los tres meses.
De hecho, la espera media es de 133 días, pero Jorge ya lleva el doble de tiempo esperando. Explica que no es la primera vez que tiene que enfrentarse a una lista extenuante, ya que hace meses se lesionó el hombro; prácticamente no podía mover el brazo, que le dolía hasta cuando levantaba los cubiertos para comer. Le hicieron una infiltración en el centro de atención primaria y en agosto le aseguraron que le llamarían para que lo viera un especialista porque en esos momentos había mucha sobrecarga asistencial y no lo podían atender. Desde entonces, nadie del hospital se ha puesto en contacto con él. "Todavía no me han llamado y el hombro ya lo tengo bien", dice Jorge, que explica que ha estado haciendo ejercicios por su cuenta y que se ha recuperado solo.
Sobre su visita pendiente al otorrinolaringólogo, el paciente dice que no quiere presionar a los profesionales, que ya van bastante deprisa, y que ya tiene asumido que esperará lo que haga falta como lo ha hecho tantas otras veces que lo han atendido en el sistema público de salud. "No quiero agobiarlos ni quiero agobiarme yo. Quiero que me lo miren tranquilamente y que me digan qué tengo. Y después ya veremos cómo lo podemos solucionar", concluye.