Tribunales
Sociedad 12/04/2022

Siete años y medio de prisión para el franquista que quería matar a Pedro Sánchez

La Audiencia Nacional percibe "alta peligrosidad" por el arsenal de armas que guardaba en casa

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Manuel Murillo, declarante a la Audiencia  Nacional

MadridLa Audiencia Nacional ha condenado a siete años y medio de prisión a Manuel Murillo , el hijo del último alcalde franquista de Rubí, que quería asesinar a Pedro Sánchez. Fue detenido en 2018 y los Mossos d'Esquadra encontraron en su casa un amplio arsenal de armas de guerra. A través del grupo de WhatsApp Terrassa por España, había manifestado su intención de eliminar al presidente del gobierno español a raíz de la exhumación de Francisco Franco, y el tribunal ha considerado que la voluntad de matar y la cantidad de recursos de que disponía el implicado constituían un plan de "alta peligrosidad".

La pena más grande es de cinco años por la tenencia de armas de guerra, que se suman a dos y medio por homicidio en grado de proposición. En la sentencia, el tribunal destaca que Murillo tenía trece armas reglamentarias y siete prohibidas, una de ellas de guerra (fusil Cetme), que durante el juicio reconoció como propias. Además, señala que tenía como afición el tiro y que iba a menudo a un club a practicar.

Los jueces lo han condenado a pesar de admitir el carácter "embrionario" y la dificultad que supone efectivamente poner fin a la vida del jefe del ejecutivo español. Admiten que no había un plan "urdido, tramado ni mucho menos concluido", de forma que la "ideación del acusado estaría próxima a ser disparatada y, por lo tanto, a ser una propuesta no creíble ni factible". Aun así, la Audiencia Nacional se acoge a la doctrina del Supremo que dice que para delinquir hace falta la decisión de cometer el delito, sin que sea necesaria la aceptación de la propuesta. Según la sala, con los mensajes analizados ha quedado acreditado que el acusado "cada vez con más convencimiento, expresa con una fijación indestructible su voluntad de poner fin a la vida del presidente del gobierno español".

"Llamo a un alzamiento nacional"

Primero empezó expresando un enojo generalizado por la exhumación del dictador y enalteciendo su figura, con mensajes como este: “No podemos permitir que humillen al Generalísimo Francisco Franco ni a José Antonio Primo de Rivera. Es una venganza por haber perdido la guerra. Estos solo saben ganar la guerra cuando el otro está muerto. Si no tienen cojones ni saben después como gestionar un país. No lo consentiré. Si hace falta me voy armado y me sentaré en la tumba de Franco y, si se acercan, disparo. Si tocan a Franco sugiero que empiece la guerra otra vez por nuestro honor. Patriotas, no lo podemos consentir. Y esta vez no quedará ni uno". Con el paso de los días, ya se centra en Sánchez: "Nos tenemos que mojar y actuar. Yo estoy dispuesto. Mi gran ilusión es meter al traidor de Sánchez bajo la lápida de Franco. Quizás estoy hablando demasiado, pero digo lo que siento en el corazón".

Más allá del grupo Terrassa por España, Murillo también escribía privadamente a otros contactos, vinculados a Vox y a los Grupos de Defensa y Resistencia (GDR), los grupúsculos ultra que aparecieron cuando hervía el Procés. "Llamo a un alzamiento nacional. Aunque parezca de locos, sería la verdadera solución. Llamo al ejército y la Legión [...]. Si no, tendremos que ir francotiradores anónimos cargándonos a estos hijos de puta poco a poco, sin ayuda. Tendríamos que tener más contactos entre nosotros para planear actos y hacer planes. Yo haría estas cosas, pero no quiero ir como un loco. Todo tiene que estar bien planeado para que salga bien, o sea que necesito ayuda", escribía.

El tribunal ha rechazado las alegaciones de alteración psíquica y de intoxicación etílica como atenuantes que había planteado Murillo. En su declaración durante el juicio, manifestó que había escrito los mensajes conspiradores bajo los efectos del alcohol y de medicamentos, y que no se reconocía en ellos. Aseguró que la mezcla lo situaba en un estado de "alucinación" y "euforia" que lo llevaba a enviar "animaladas" a través de WhatsApp. "Cuando acababa de comer me estiraba un poco y contactaba con alguien, y sacaba de dentro como una película. Porque hay mensajes que he visto y no me he podido creer que los haya escrito. Muestro todo lo contrario de lo que soy en persona, quizás es el que vivía viendo películas de guerra", declaró.

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