Sociedad 22/09/2021

El volcán de La Palma no provocará un tsunami gigante

Las previsiones más catastrofistas sobre los efectos de la erupción de Cumbre Vieja se basan en datos falsos o sesgados

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La colada de lava, avanzando por las calles de Todoque, en La Palma.

BarcelonaNo es el Krakatoa. Ni siquiera es el Teide, ni el Etna ni tampoco el Vesubio. En Cumbre Vieja, en la isla de La Palma, lo que hay es un edificio volcánico en formación sobre el cual todavía hay más incertidumbre que certezas. Sin embargo, si tenemos que hacer caso a la historia geológica de la isla, a lo que dice la ciencia y a lo que prevén los modelos, difícilmente se puede hablar de un desenlace tan catastrófico como los que han circulado estos últimos días por las redes sociales, la mayoría sin ninguna base científica. No habrá un tsunami gigante que llegue hasta Nueva York ni tampoco una nube tóxica que provocará un invierno nuclear en el continente europeo. Los catastrofistas tendrán que esperar otro acontecimiento.

La devastación en La Palma no es nada despreciable. La colada de lava en dirección al mar desde la vertiente de Cumbre Vieja es un desastre en todos los sentidos, pero a escala local. La superficie total cubierta por los ríos de lava, a pesar del dramatismo más que justificado de la población afectada, es muy limitada. Y, por más vistosas que sean las imágenes, de momento los efectos de los gases tóxicos se pueden evitar con relativa facilidad. Si no fuera así, ya se habría activado la evacuación de la isla entera.

“Estamos asistiendo a un volcán en formación”, resume el vulcanólogo Joan Martí, del Centre de Geociències Barcelona del CSIC. Esto quiere decir que todavía estamos en una fase temprana de la formación de lo que se conoce como edificio volcánico, de forma cónica y coronado por el cráter característico. La composición del magma hace que los ríos de lava avancen lentamente y que se vayan depositando capas de roca incandescente una encima de la otra mientras avanzan ladera abajo con una temperatura en superficie superior a los mil grados. Ahora bien, si se observa la disposición de los volcanes que se han ido formando en los últimos quinientos años, todos de características similares, veremos que están alineados siguiendo la línea de creta sur de la isla de La Palma.

El director del Benfield Grieg Hazard Research Centre del University College de Londres, Bill McGuire, escribió en 2001 que esta amplia zona de al menos 24 km de longitud acabaría estallando por la vertiente oeste y cayendo de manera apresurada en el Atlántico. Según sus cálculos, modelizados por los investigadores Steven Ward y Simon Day, de la misma universidad, unos 500 km cúbicos de roca se desprenderían de golpe y caerían en el océano provocando una enorme oleada que tardaría nueve horas a llegar a Nueva York. Las oleadas podrían llegar a los 150 metros y viajar a 100 metros por segundo.

La hipótesis, que motivó un documental para la BBC, quedó desacreditada al cabo de poco tiempo. Se acusó a los autores de utilizar datos sesgados, erróneos o falsos, así como modelos matemáticos poco cuidados. La teoría más extendida y aceptada por la comunidad científica propone la existencia de grandes cantidades de magma a al menos 10 km de profundidad que presiona de vez en cuando, pero sin ningún periodo conocido, para salir al exterior. Es lo que habría pasado en el último medio milenio con las ocho erupciones documentadas, nueve con la actual. Aun así, el Ayuntamiento de Nueva York incluyó la posibilidad de un tsunami en 2018 dentro de la lista de posibles desastres naturales.

Por otro lado, la posibilidad de que se formen nubarrones tóxicos y precipitaciones de lluvia ácida, a pesar de que factibles, en ningún caso afectarán la salud humana o ambiental más allá de la isla de La Palma. Lo que se está observando es lo que se esperaba: columnas de vapor de agua, sobre todo, y de dióxido de azufre y dióxido de carbono, además de ceniza y rocas. La previsión es que los vientos disipen estos gases en la atmósfera. La posibilidad de lluvia ácida es real pero no de gran magnitud. La de tsunami o invierno nuclear, inexistente. Que la isla cambie de fisionomía o incluso de superficie, es seguro.

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