Enamorarse del guardia de seguridad de la discoteca
La historia de amor de la culturista Sabrina Araujo
La culturista Sabrina Araújo tenía 22 años cuando se enamoró por primera vez, llegada a Catalunya recientemente desde Brasil, su país natal. El enamoramiento repentino fue en una discoteca de Barcelona, Lokotron, y de quien se enamoró fue del guardia de seguridad del club, David: "Me enamoré de sus ojos". El enamoramiento repentino, dice, fue recíproco. "Resulta que teníamos una amiga en común y él le pidió mi teléfono. Sin saberlo, yo ya le había escrito a mi amiga diciéndole que le escribiera para darle mi teléfono". Y así, mucho antes de Tinder ya través de la amiga, la pareja hizo match.
Entonces la Sabrina debía marcharse a Brasil y aquellos primeros meses se fueron conociendo a través de la pantalla "Chateábamos por Messenger", recuerda el deportista. Tres meses después se reencontraron en Catalunya y empezó su historia de amor. y la confianza. Con respeto y confianza lo puedes hacer todo. Nosotros trabajamos juntos, tenemos varios negocios y somos padres. Pasamos casi 24 horas juntos, pero, sin embargo, no nos cansamos el uno del otro".
Un día, mientras entrenaba, Sabrina le compuso y grabó una canción de tres minutos sobre sus primeros trece años juntos y en la que le agradecía el crecimiento compartido y todas las experiencias vividas, como el nacimiento de sus tres hijas, los momentos buenos y los momentos difíciles. El segundo embarazo, el de las gemelas, fue uno de esos momentos difíciles. "Tuve un coágulo y casi muero, me salvé gracias a una transfusión de sangre: por suerte aún no era mi momento de marcharme. Lo pasé muy mal porque David estaba de servicio fuera de España. Era pospandemia y fue muy caótico. Fue muy duro, pero soy una mujer fuerte por fuera y por dentro".
La culturista explica que el deporte siempre le ha ayudado. "Es mi psicólogo barato", dice. Aunque la competición le supone muchos sacrificios –tiene una dieta muy estricta y entrena cada día mínimo una hora, incluidos los domingos–, es también su pasión, que comparte siempre que puede con su pareja.