Feministas televisivas (4)
Ara Verano 14/08/2021

Gillian Anderson, la actriz que ha hecho de la igualdad salarial su caballo de batalla

Feminista enconada desde que era una joven desconocida, luchó para cobrar lo mismo que su compañero en 'Expediente X'

4 min
Gillian Anderson el 2019 a Royal Albert Hall de Londres

Gillian Anderson (Chicago, 1968) tenía 24 años y la cuenta corriente prácticamente a cero cuando se presentó al casting para la serie Expediente X. Apenas acababa de empezar la década de los 90 y la actriz tenía un currículum de cuatro líneas. Había actuado en algunas obras de teatro y quería probar suerte con el cine, pero dentro del mundo audiovisual era una completa desconocida. Anderson tuvo que pedir dinero a una amiga, que también le dejó un vestido que le iba tres tallas grande. "La primera vez que los ejecutivos de Fox me vieron parecía una mujer farragosa. Me insinuaron que otra vez trajera algo más adecuado", recordaba la actriz en una entrevista con CBC en 1995.

Aquella primera irrupción en el universo televisivo sería el inicio de una carrera meteórica que impactaría a miles de mujeres de todo el mundo, pero a los ejecutivos de Fox ni les pasó por la cabeza. Durante la prueba le dijeron que no era ni suficientemente sexi ni tenía suficiente glamur para encarnar a la agente Dana Scully, a pesar de que Anderson insistió para que la contrataran. La actriz hacía tiempo que había aprendido a luchar por lo que quería: pasó toda su niñez en Reino Unido y durante la adolescencia volvió a los Estados Unidos. Esta experiencia, en una de las edades vitales más complicadas, la hizo sentir extraña entre los compañeros de clase, que se reían de su acento británico, y la convirtió en una adolescente rebelde cada vez más acostumbrada a reivindicarse. Al final fue Chris Carter, el creador de Expediente X, quien movió pieza para que le dieran el papel.

Anderson solo se había puesto dos veces ante la cámara cuando empezó a rodar Expediente X. Tenía poca experiencia, pero bien pronto brilló por su inteligencia y por la química que compartía con su compañero de reparto, David Duchovny (Fox Mulder). La actriz, que ganó un Emmy y un Globo de Oro con aquel papel, erigió de la nada al personaje de una agente de policía sagaz y segura que, lejos de buscar la seducción de los hombres que la rodeaban –tal y como habían previsto inicialmente los responsables de la serie–, se dedicaba con cuerpo y alma a examinar cadáveres y someterlos a los designios de la ciencia. Dana Scully deslumbraba como no lo había hecho nunca ninguna otra mujer protagonista de una ficción, y su impacto, bautizado como el efecto Scully, todavía resuena ahora.

David Duchovny y Gillian Anderson en 'Expediente X'.

El estereotipo del científico blanco que nadie comprende quedó obsoleto ante el personaje de la forense y agente especial interpretada por Anderson, que situó por primera vez a una mujer científica a primera línea del prime time. Muchas jóvenes de la época se reflejaron en la forense, hasta el punto que en 2018 Fox encargó un estudio con más de 2.000 mujeres que en los 90 tenían alrededor de 12 años para cuantificar el impacto del personaje. Los resultados hablan por si solos: el 63% de las mujeres que se dedican ahora a la ciencia dicen que no lo habrían hecho si no hubiera existido Dana Scully y el 91% afirman que, para ellas, el personaje fue un modelo a seguir.

Un libro para que las mujeres se junten

Después de la serie policiaca, la trayectoria de Anderson no paró de elevarse. La actriz formó parte de numerosas películas –como Un mundo a su medida (1999) y Nueva York para principiantes (2008)– mientras seguía batallando para conseguir que los personajes femeninos y el trabajo de las intérpretes fueran igual de valorados que los de sus compañeros hombres. En 2015 Anderson volvió a primera línea serófila con La caza, una ficción policiaca protagonizada por Stella Gibson, una comisaria que investiga los asesinatos de mujeres jóvenes. La producción británica se convirtió en una de las más vistas de Netflix y fue alabada, sobre todo, por abordar con una fuerte mirada crítica la violencia sexual contra las mujeres.

Poco después, Anderson publicó We: A manifiesto for women everywhere (2016), un libro combativo para crear cambios en las vidas de las mujeres. "Por mi propia experiencia y por la de mi hija veo que las mujeres no contamos con mentoras que nos guíen y se preocupen realmente por nosotras. He luchado contra la baja autoestima toda mi vida y he desarrollado algunas técnicas para superarla que quizás puedan ayudar a mujeres de todas las edades", escribe la actriz en el volumen.

A medida que fue ganando popularidad, Anderson hizo de la opinión pública una de sus armas más valiosas. Cuando Fox decidió resucitar Expediente X, Anderson accedió, pero se encontró que cobraba mucho menos que Duchovny, con quien compartía protagonismo. "Fox quería pagarme la mitad de lo que cobraba Duchovny. Creo que es importante que se diga y se oiga", explicó Anderson a The Hollywood Reporter. La situación era doblemente grave, porque durante la primera etapa de la serie –entre 1993 y 2002– la actriz tuvo que luchar con dientes y uñas para conseguir un sueldo igualitario. Durante los tres primeros años, el estudio le daba la espalda e incluso se le pedía que se mantuviera unos pasos atrás respecto a su colega en la serie. Finalmente ella se negó y pudo acordar unas condiciones laborales justas.

Desde entonces, Anderson se ha erigido como una de las actrices más representativas a la hora de cargar contra el machismo de Hollywood y del mundo audiovisual. Pero también de fuera. La actriz, que recientemente ha aparecido en series como Sex education (2019) y The Crown (2020), no tiene pelos en la lengua cuando se trata de criticar las presiones que sufren las mujeres y como el envejecimiento sin artificios todavía no está bien visto en según qué sectores de la sociedad. Sus últimas declaraciones, de julio pasado, no podían ser más en esta línea. Uno de sus seguidores de Instagram le preguntó cuál había sido su look preferido durante la pandemia y ella respondió: "Probablemente es el mismo que cuando no estoy encerrada. Me he vuelto muy perezosa y ya no utilizo sujetadores. Me da igual si los pechos me llegan al ombligo, no pienso ponérmelos más".

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