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Ara Verano 05/08/2022

Ton Lloret: "Antes todo el mundo tenía claro que para prosperar había que ir a las ciudades, ahora ya no tanto"

Historiador. Creador de Repoblem

3 min

BarcelonaTon Lloret es historiador y vive en el pequeño pueblo de Argençola, en Anoia, concretamente en el núcleo de Clariana, donde viven habitualmente 30 personas. Esta vivencia ha sido determinante para él, puesto que desde que 2006 se instaló con su familia ha sido testigo del abandono que viven muchos pueblos pequeños en Catalunya y de la falta de servicios e infraestructuras que sufren. Por eso, cuando en 2020 con la pandemia y el confinamiento mucha gente empezó a valorar la idea de dejar las ciudades, él lo aprovechó para crear la cuenta de Twitter Repoblem “con la voluntad de unir las necesidades de los pueblos que buscan gente que se vaya allí a vivir y de las personas que quieren hacer un cambio de vida”, dice.

La idea fue un éxito y ha cambiado la vida de mucha gente. Como la de Imma, Jaume y sus dos hijos, que después de pasar un confinamiento muy complicado encerrados en su piso de Terrassa vieron un tuit de Repoblem que les llamó mucho la atención: el pueblo de Tuixent, en el Alt Urgell, buscaba nuevos habitantes para salvar la escuela. “Esta es una historia de gente muy valiente con final feliz”, dice Lloret, que destaca el valor de esta familia que en diciembre de 2020 se instalaron en este pequeño pueblecito que está a una hora de la Seu d'Urgell, donde tienen todos los servicios básicos.

Pero hay más historias de éxitos que este año ha recogido en el libro Repoblem (Cossetània), a pesar de que él se quita mérito. “Yo solo busco unir personas y pueblos interesados”, dice, a pesar de que reconoce que también quiere “visibilizar, reflexionar y aportar ideas para el mundo rural que sufre el despoblamiento” con el perfil de Repoblem. “Cuando empecé con esto, ahora hace dos años, nadie hablaba del despoblamiento, era una palabra que se utilizaba muy poco y ahora, en cambio, está en todos los medios. Si hemos ayudado a visibilizarlo, ya estoy contento porque el despoblamiento es un problema muy transversal y que ya tenemos muy identificado”. Él cree que una de las primeras cosas que hay que hacer para luchar contra esta cuestión es “cortar la fuga”. “Hasta hace muy poco todo el mundo tenía claro que para prosperar había que irse a las ciudades, allí estaban las oportunidades y el futuro e incluso los padres animaban sus hijos a marcharse del pueblo”, destaca. “Esto no puede ser y creo que nos hemos empezado a dar cuenta. La pandemia ha ayudado y cada vez más gente tiene claro que no quiere la masificación, la despersonalización o la contaminación de las grandes ciudades, que quiere otro proyecto de vida”.

Él y su compañera ya lo vieron claro en 2006, pero “éramos los rarillos de la pandilla”, puesto que nadie de su círculo de amigos había dado un paso como este ni pensaba hacerlo. Ir a vivir en un pueblo de 30 habitantes era una decisión extrema para muchos, pero para Lloret no lo era nada. “En aquel momento vivíamos en Igualada y los precios de los pisos estaban altísimos para una pareja joven con sueldos bajos, así que pensamos que venir a vivir aquí era una oportunidad porque podíamos tener una casa que nunca hubiéramos podido pagar en la ciudad”, explica. Y reconoce que hace una valoración muy positiva y se muestra “feliz”. Aun así, admite que una decisión así no siempre es fácil de sacar adelante y que “no hay políticas adecuadas para ayudar a la gente que se quiere quedar en los pueblos”. Es consciente de que no es lo mismo tener una idea de negocio en el barrio de Gràcia de Barcelona que en un pueblo del Pirineo. “Faltan infraestructuras, conexiones, telecomunicaciones y servicios… Sé que en el ámbito legislativo es difícil deshacer un fenómeno que hace 100 años que pasa, porque tenemos un 80% de la población viviendo en zonas urbanas, pero tenemos que hacer cambios en todos los niveles para solucionarlo”, destaca.

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