Oscar Guayabero: “Aquí la burguesía catalana no pone los pies”
El diseñador de paraísos se ha enamorado del sabor mediterráneo del bajo Gaià
El curador y paradiseñador Oscar Guayabero descubrió el Baix Gaià yendo a visitar a amigos que tenían casa por la zona. Después de un tiempo, ellos hicieron lo mismo, primero en La Nou de Gaià, donde estaban de alquiler, y más adelante, cuando empezaba a ser difícil encontrar un piso en Barcelona, decidieron comprar La Montornesa, en La Pobla de Montornès, la villa vecina, “una casa antigua de pueblo donde vivimos y que estamos restaurando”. Es un estudio y un taller donde su pareja y él hacen proyectos, y también es un lugar de encuentro donde compartir saberes y conocimientos. La idea es que, además de vivir allí, acabe siendo un espacio para cursos, talleres y exposiciones. Cuando todo el mundo estaba parado por la covid, ellos comenzaron la rehabilitación.Explica que no tiene la oportunidad de añorar Barcelona porque no deja de vivirla, va dos veces por semana y su trabajo está muy relacionado con la ciudad. Lo que le enamora del Baix Gaià es que tiene un regusto mediterráneo con el muro seco, la piedra seca, los algarrobos, los olivos y las viñas. “Es un lugar fantástico, una especie de Mallorca para pobres. Tiene sus carencias y dificultades pero tiene un paisaje muy humanizado”, afirma. Están a doce minutos en coche de la playa, que pisan poco en verano, salvo a última hora de la tarde o al atardecer cuando se va la gente. El resto del año la disfrutan mucho. Para Guayabero, lo que tiene de especial esta zona es que los pueblos están relativamente cerca y si te alejas de la costa enseguida todo es muy tranquilo. Hay pueblos como el suyo que no son excesivamente típicos ni fotogénicos, y todavía hay vida de pueblo de verdad: “El vecino sale con el tractor, se hace vida en el bar… Hay sitios más cuquis, que aunque empiezan a empordanear con conciertos y exposiciones de pintura, no tienen nada que ver; aquí la burguesía catalana no pone los pies”. “Me considero un refugiado económico, neorrurales que hemos tenido la suerte de poder venir a vivir aquí”, comenta Guayabero. Con otros pixapins como él, dice, que han llegado sobre todo de Barcelona pero también de otros puntos del país, se han organizado para constituirse como comunidad energética, trabajando con el ayuntamiento para instalar placas solares y compartir energía. En paralelo, han creado una cooperativa de consumo para comprar directamente a agricultores de la zona, y para el resto de productos hacen compras conjuntas. También han montado un chat donde comparten coche para moverse por los pueblos o llegar a Barcelona, porque depender del tren es un drama. “Hacemos un poco de 'chup-chup', sobre todo con el tema energético y cultural. Montamos fiestas, meriendas, vermuts, donde habitualmente pongo música. Aquí es más fácil organizar cosas”, asegura. Y apunta que saliendo de Barcelona te das cuenta de que fuera de la capital pasan muchas cosas, difícil de verlas o sentirlas cuando se vive allí, porque la ciudad genera mucho ruido por sí misma.