Txell Costa: “Necesito este ritmo y estos paisajes, las puestas de sol y los cielos que solo hay aquí”
La asesora empresarial está enamorada de estos pueblos pequeños que siguen fieles a su esencia
“Por dentro soy Empordà, silenciosa y tranquila”, asegura la asesora empresarial Txell Costa. L’Empordanet es su paisaje vital y su lugar preferido de Catalunya: “Recuerdo la primera vez que supe de su existencia, Antoni Bassas entrevistaba a Pasqual Maragall, que tenía una casa por aquí”. A pesar de ser una etiqueta, no es una comarca oficial, no existe administrativamente, pero incluye Rupià, Pals, Peratallada, Palau-sator, Monells, Ullastret, Púbol... Es la frontera entre el Gironès y el Empordà, “el Baix Empordà más interior, pueblos pequeños, de piedra, y una manera de vivir más pausada”. Cada vez ha ido buscando más la vida tranquila. “Lo que necesito es este ritmo y estos paisajes, las puestas de sol y los cielos que solo hay aquí”, comenta. Seguramente por eso no le costó nada irse a vivir allí, y cree que tardará bastante en moverse hacia otra zona, si es que en algún momento se marcha. Quizás el cambio más complicado fue pasar de Barcelona a Girona, a pesar de que se sintió muy a gusto con una ciudad tan a escala humana, en la que se puede ir a pie a todas partes. Dice que esta es la gracia del Empordanet, que sigue teniendo Girona cerca, y le resulta más fácil separar el trabajo del resto. Le encantan los paisajes, el estilo de vida, la conexión con la naturaleza, que haya pocos coches y los niños puedan ir tranquilamente en bici, o que cuando cierra el bar del pueblo se queden a cenar juntos porque son amigos. Hacen vida de pueblo e intentan que las criaturas también echen raíces. “Viviendo aquí he descubierto que el Empordanet está muy vivo. Los centros cívicos no paran de ofrecer actividades, y también hay muchas iniciativas impulsadas por la gente que vive aquí”, explica. Le encanta que no han perdido su esencia ni se desdibujan con las tendencias que lo globalizan todo: “Aquí no pidas un matcha ni un flat white. No encuentras aguacates en todos los menús, no hay postureo, es maravilloso, un oasis”. Tienen pequeños tesoros, como la calidad de la comida, que roban el corazón a todo el que va de visita. Quizás en invierno está todo un poco más tranquilo, ya que las tiendas y los restaurantes hacen jornadas más cortas o trabajan menos días. También se notan las estaciones en el paisaje, los colores cambian. Han pasado de los girasoles a la época de la florecilla amarilla, el curso del río se altera en función del riego de los campos... Y en invierno tiene que marcharse antes para quitar el hielo del cristal del coche. Costa sigue yendo a la ciudad para nutrirse de ideas, y puede acelerarse sin problemas, pero afirma que su ritmo es el del Empordanet. “Me equilibra, lo que más me gusta es la paz que me da”, dice satisfecha.