¿Podrá la inteligencia artificial llegar a crear vida?

La biología sintética empieza a utilizar la IA para definir posibles nuevos organismos

representación de la creación de vida en el laboratorio
24/06/2026
4 min

Últimamente la inteligencia artificial se ha convertido en la protagonista de nuestras vidas, hasta el punto de que parece que estemos constantemente hablando de ella. Es imposible encontrar a alguien que, en un momento u otro del día, no la utilice: desde la más inocente búsqueda de Google hasta el informe que nos da pereza escribir, pronto no sabremos vivir sin la ayuda de una de las herramientas más revolucionarias que se han inventado.

En ciencia hace unos cuantos años que la IA es omnipresente. Dos premios Nobel de 2024 fueron precisamente por aplicaciones innovadoras en este campo: el de química por un programa que predice la estructura de las proteínas y el de física por las bases del machine learning, los protocolos que permiten a la IA aprender sola. Y esto es solo la punta de un iceberg cada vez más grande que abarca todas las disciplinas. Era solo cuestión de tiempo que la IA llegase a la biología sintética.

Esta disciplina estudia la creación de vida en el laboratorio. Se inició a principios del siglo XX, pero sus principales éxitos comenzaron a llegar a partir de 2010, cuando la empresa del recientemente desaparecido J. Craig Venter creó la versión original de Synthia, lo que acabaría siendo considerado el primer organismo artificial. Se trata de una bacteria con un genoma diseñado de cero y generado por una máquina; después se insertó en una célula sin ADN, que pasó a funcionar como cualquier otro microbio. La clave de este experimento fue determinar el conjunto mínimo de genes que eran necesarios para la vida.

De una bacteria a organismos complejos

Pero una bacteria es un organismo relativamente sencillo, con un genoma normalmente pequeño. ¿Se podría usar el mismo principio para crear seres vivos más complejos? Aquí es donde el poder de la IA parece que será especialmente útil, porque su gran capacidad para reconocer patrones le permite construir genomas virtualmente y predecir cómo funcionarían si estuvieran dentro de una célula; qué proteínas podrían fabricar, y qué funciones, existentes o nuevas, podrían llevar a cabo. La aplicación más simple de esta idea podría ser crear plantas como las que ya existen, pero resistentes a todas las plagas, pongamos por caso: una especie de versión mejorada de los actuales transgénicos. Pero si somos más ambiciosos, también podríamos pensar en diseñar organismos que no existen, como por ejemplo microbios capaces de limpiar de plástico los océanos.

Un paso importante hacia este escenario se dio hace unas semanas, cuando el Arc Institute, la Universidad de Stanford y Nvidia publicaron el Evo-2, un modelo de IA gratuito que permite a los científicos escribir cromosomas enteros e incluso pequeños genomas totalmente inventados. El Evo-2 ha sido entrenado con 128.000 genomas de todo tipo de organismos, incluyéndonos a nosotros, y se considera el modelo biológico basado en IA más grande que existe. La principal novedad es que puede generar tanto las partes del genoma que contienen información para fabricar proteínas como el llamado ADN oscuro, que aún no sabemos muy bien qué funciones tiene pero que seguramente es más importante para la vida de lo que pensábamos hace unos años.

Ya lo han utilizado para diseñar posibles microbios nuevos, pero la idea es que pueda acabar proponiendo genomas tan complejos como el nuestro. De momento, el año pasado se puso en marcha un proyecto en el Reino Unido para construir el primer cromosoma humano sintético, con un presupuesto de diez millones de libras. En principio, el Evo-2 podría ir más lejos y diseñar un genoma humano entero, cambiándole por ejemplo puntos débiles que hacen que no estemos bien protegidos contra enfermedades o infecciones. Quizás podría crear un genoma resistente a las inclemencias del espacio exterior para dar vida a una raza de exploradores estelares.

Todo esto es todavía ciencia ficción, porque la IA no sabe lo suficiente para poder predecir el comportamiento de genes interconectados en una red de regulación tan intrincada como la de nuestra especie, ni tampoco cómo evolucionará en función del impacto de los muchos factores ambientales que pueden influir en ella. Pero viendo la rapidez de los progresos que está haciendo, no es descabellado predecir que algún día llegaremos a este punto. Y entonces tendremos que decidir si queremos continuar por este camino o no.

Si la biología sintética ya es un campo que normalmente despierta un montón de dudas éticas, desde las protestas de los religiosos que lo ven como un intento de jugar a ser Dios hasta los que temen que se haga un mal uso para crear armas biológicas terribles, la irrupción de la IA amenaza con multiplicar los problemas exponencialmente. Una tecnología que es capaz de acelerar y magnificar prácticamente cualquier avance también puede llevarnos más rápidamente hacia el abismo si no tenemos claro hacia dónde queremos ir. Pero un uso racional de estas herramientas aplicadas a disciplinas ya de por sí rompedoras como la biología sintética también nos puede llevar a un futuro en el que muchos de los problemas sanitarios e incluso sociales que padecemos actualmente se puedan mejorar. El tiempo dirá si rediseñar de cero microbios, animales o quizá los mismos humanos es la manera de hacerlo.

Director de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC e investigador de la Fundación Pasqual Maragall
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